MIRADOR DE LA LAGUNA NEGRA Y LOS ABUELOS DEL BOSQUE 06/06/2026
Junio es un mes complicado para las rutas, el calor obliga a cuidar todos los detalles, por eso se han elegido tres rutas por la sierra de Urbión que goza de una temperatura ideal y de extensos y frondosos pinares, además salimos una hora antes, con lo cual, a las siete de la mañana, en el lugar de costumbre, nos repartimos entre los coches y salimos hacia la carretera de Burgos, cuyo tráfico es mucho mayor de lo habitual y es que nuestros conciudadanos también madrugan para ir al monte Valonsadero para celebrar una de nuestras multitudinarias fiestas camperas previas a San Juan.
Durante casi todo el trayecto vamos viendo hectáreas y hectáreas de pinares, poblados por pino Silvestre o Albar. Ya en Covaleda, dejamos atrás sus serrerías con cientos de troncos de pino, perfectos y homogéneos, que son el motor económico de los pueblos de esta comarca de la provincia.
Durante bastantes kilómetros circulamos por pistas forestales y en una hora estamos en el aparcamiento donde iniciaremos nuestra ruta por una pequeña área del Parque de la laguna Negra y circos glaciares.

Con una temperatura sensiblemente inferior a la que teníamos en Soria, los forros polares no sobran al salir a la pista forestal, un kilómetro más adelante pasamos junto al desvío hacia el refugio de Tres Fuentes, sendero por donde regresaremos al finalizar la ruta.
Seguimos un trecho por la pista para dejarla poco después al desviarnos hacia una praderita que hay a la derecha, tal y como señala el indicador de madera, nos dirigimos al chozo del Periquillo, senda, cuyo primer tramo es una pendiente complicada con un terreno muy pedregoso y resbaladizo.

Cuando llegamos al reguero de agua de la fuente del Gijo, que discurre por la senda, la bajada ya es menos exigente y permite fijarse un poco más en el entorno, estamos cerca de la laguna del Hornillo, pero queda fuera de nuestro camino.
Camino pedregoso como ya hemos visto, no olvidemos que estamos en un circo glaciar con sus característicos canchales, uno de los cuales queda en nuestro itinerario.

Después, la naturaleza nos premia con un frondoso bosque sin apenas desnivel y un continuo hallazgo de formidables ejemplares de pinos centenarios, coníferas que vamos a ver por doquier a lo largo de toda la ruta, a cuál más impresionante. Son los abuelos del bosque.
Dada la elevada altitud en que han crecido, su madera tiene menos calidad que la de los pinos altísimos y rectos que vimos al venir, concentrados en pinares muy bien gestionados y productivos, razón por la cual se han salvado de la tala y algunos ejemplares muy longevos han podido alcanzar una envergadura considerable.

Desviándonos ligeramente del sendero descubrimos una pequeña laguna y tras unos minutos de descanso retomamos la senda del pinar, hemos hablado de los árboles más longevos, pero hay infinidad de pinos en distintos estadios de crecimiento.

Es un bosque en incesante renovación con la floración en su apogeo, que crece densa en las ramas, las más vistosas son las flores masculinas formadas por pequeños conos amarillos, los conos rojizos o verdosos más pequeños son las flores femeninas que son polinizadas por el polen que deposita el viento.

Su ciclo es bianual y sólo unas pocas lograrán convertirse en piña al año siguiente, tras la hibernación el cono femenino madura, volviéndose leñoso y de mayor tamaño, es cuando se produce la fertilización real con el desarrollo de la semilla dentro de la piña y en otoño vuelve a surgir la magia, el cono se abre para liberar los piñones alados.
Seguimos el sendero disfrutando del magnífico entorno hasta llegar al chozo del Periquillo, lo abrimos y curioseamos un poco, es una pequeña cabaña de madera rodeada de pinos y a la diestra de uno de los magníficos abuelos del bosque.

Aún queda nieve por la cuerda de Urbión, pero la vida surge pujante con la caricia de los tibios rayos de sol, incluso los hormigueros parecen seres vivos que vibran y respiran, son montículos de hasta medio metro de altura que se pueden ver en los pinares de zonas montañosas, construidos con acículas de pino y pequeñas ramas que albergan a cientos de miles de individuos, que recorren incansables el montículo produciendo el efecto mencionado.

Se acabó la relativa comodidad, aunque no los parajes espectaculares, nos queda una buena subida, es increíble cómo la altitud cambia la altura y forma de los pinos, incluso 100 m. se notan y son de menor porte que los que hemos ido viendo, pero su capacidad de colonizar terrenos difíciles sigue presente, por ello el pino silvestre es una especie clave para la regeneración natural.
Caminamos a unos metros del cortado y de vez en cuando, al ver un claro entre los árboles, nos aproximamos para disfrutar de una de las panorámicas más hermosas que se pueden ver, un denso y extenso manto verde oscuro formado por millones de pinos y a la izquierda los picos de Urbión, el risco Zurraquín y sus farallones protegiendo la mítica laguna Negra.

Farallones entre los que nos vamos a abrir camino para subir una vez más al Zurraquín, y crestear al bajar, durante la ruta prevista como broche final de la temporada.
Después de una pasar por una gran peña que podría ser un excelente mirador, aunque peligroso, llegamos al autentico Mirador de la laguna Negra, desde donde podemos contemplar la espectacular panorámica con una visión más cercana del Urbión, Zurraquín y la laguna, que las algas han transformado en verde, pero muy cerca de ella divisamos una pequeña laguna realmente negra.

Concluido el almuerzo subimos unos metros y proseguimos la ruta llaneando hasta alcanzar 1998 m. de altitud, no tardamos en detenernos para ver la laguna de Mojón Alto, otro de los puntos especiales de nuestro itinerario.

Retomamos el camino y continuamos contemplando un extenso paisaje con las aguas pantano rompiendo el manto verde de los pinares, hasta llegar a una bifurcación, a partir de la cual, comenzamos a bajar hasta alcanzar el refugio del Muchachón, ubicado en un emplazamiento inmejorable es un edificio de piedra con un espacio bastante amplio y acondicionado con chimenea para cocinar, mesas y bancos de madera.

Más adelante encontramos el refugio de Tres Fuentes, un edificio similar, pero algo más pequeño. Por las inscripciones de la fachada podemos saber que era el refugio n.º 2 de los vigilantes de incendios y se construyó en 1958.
En ocasiones, tal y como ocurre aquí, junto a ellos se suele ubicar una moderna torre de prevención de incendios, en este caso, controlada por una simpática vigilante.

El siguiente cruce es el que encontramos al inicio de la ruta, seguimos la pista hasta llegar al aparcamiento, aunque no nos detenemos, sino que cruzamos al otro lado.
Entramos en un bosque encantado donde un pino es el rey y los abuelos del bosque pueblan el lugar. Cuenta una vieja leyenda que los vientos de las montañas susurran mensajes a través de la alta copa del pino albar y quien sabe escucharlo puede comprender los secretos del bosque.
La primera sorpresa es encontrar arboles con escaleras para subir a su copa, lo que pudiera parecer diseñado para estar en contacto con la naturaleza es algo tan prosaico como antiguos puntos para cazar palomas, por suerte ya no se utilizan.

Es un bosque increíble, en un corto trayecto podemos encontrar varios ejemplares espectaculares, como un pino cuya altura es de 18 m. y su diámetro 1’34, otro con 14 m. de altura y un tronco que mide 1’50 de diámetro, datos que constan en unos cartelitos que hay al pie de alguno de los árboles.

Medidas importantes porque se dan en circunstancias adversas, cuando el pino reduce su crecimiento y prioriza la supervivencia, pudiendo sobrepasar, en esta zona tan fría y elevada, largamente los 200 años que suele vivir un pino en condiciones normales.
El itinerario termina junto al Pino Rey, un ejemplar con una altura de 17’50 m., perímetro de 6’20, copa de 15 m. de diámetro y, se cuenta, que alrededor de 450 años.

Ya de regreso nos detenemos junto a un enorme tocón y un cartel divulgativo sobre los anillos de los troncos y la información que proporcionan sobre el proceso vital del árbol, en este caso podemos observar, entre otras vicisitudes, periodos de sequía, falta de sol, plagas de insectos o su paso por un incendio.
El pino silvestre posee una corteza gruesa y escamosa que le permite resistir incendios de baja intensidad y plagas, para defenderse de los insectos, además de la resina que sella heridas y los atrapa, segrega unas sustancias que actúan como repelentes o tóxicos.

En fin, que por algo los celtas lo tenían en alta estima y era símbolo de inmortalidad, fecundidad y resistencia, al ser un árbol de hoja perenne que sobrevive en tierras poco fértiles, representaba la vida eterna y la renovación constante.
Cansados, pero también renovados, concluimos la ruta con un resultado más que satisfactorio, al magnifico día y belleza del entorno, podemos añadir que hemos caminado algo más de 14 km. con un desnivel tanto positivo como negativo de alrededor de 500 m., a 2 m de los 2.000 e IBP 75.
Es elevado, pero lo cierto es que, a pesar del esfuerzo que supone, después de un generoso descanso estas salidas semanales nos renuevan. Esta mañana hablábamos una compañera y yo sobre los baños de bosque y, en cierta manera, es lo que hacemos.

Nuestro afán no son los kilómetros ni el ejercicio, sino disfrutar del entorno efectuando las paradas que sean precisas. Tocar un árbol, a veces abrazarlo, observar y fotografiar una planta o un insecto, escuchar el trino de los pájaros… Adaptarnos al terreno, con frecuencia caminar más lento, en silencio, respirando conscientemente, mirando atentamente lo más cercano o el paisaje que se pierde en el horizonte.
Ana María Abajo