SENDERO DE LAS NILSAS DE NEILA – 25 /04/2024
Este sábado madrugamos un poco más, el trayecto hasta llegar al punto de inicio de nuestra ruta es largo y amenaza lluvia a mediodía, por lo que se adelanta la salida de Soria y a las siete de la mañana tomamos la carretera de Burgos, ya en la provincia, la de Neila en Quintanar de la Sierra y, por último, la de Villavelayo, donde se nos unen Marian y Lolo que vienen de La Rioja y es que a las tres provincias pertenece este Espacio Natural de la Sierra de Demanda.
No tardeamos en entrar en la pista forestal de Riofrío, cuyo mal estado hace aconsejable la circulación en todoterreno o vehículo alto, puesto que, además de salvar innumerables baches, hay que cruzar el río poco antes de llegar al parking de Riofrío, de donde parte la ruta del Sendero de las Nilsas.
Regresamos al Parque Natural de las Lagunas Glaciares de Neila, en esta ocasión a conocer las Nilsas, cuya etimología no he podido encontrar, aunque pudiera provenir del griego para referirse al agua sin impurezas, actualmente con este término se hace referencia a dos praderas formadas por sumideros de agua y tierra ácida de turberas.

Ya en el parking nos preparamos para la partida, la mañana está fresquita y la niebla humedece el ambiente por lo que nos abrigamos un poco, aun sabiendo que en unos minutos de subida a buen paso nos empezarán a sobrar las chaquetas. Preparados y con los walkis conectados pasamos ante el gran panel informativo sobre el Sendero de las Nilsas y tomamos la senda de la derecha con el apoyo de los bastones que ya en el inicio son de gran ayuda ante el ascenso de casi quinientos metros de desnivel que tenemos por delante.
Una vez que salimos al sendero el paisaje es una preciosidad, tiene el encanto de la primavera con el verde claro e intenso de las hojas recién nacidas de las hayas y la hojarasca rojiza del hayedo desprendida en otoño que, humedecida tras la noche, se ve brillante y tan fresca que parece que acaba de caer. Hayas centenarias cubiertas de musgo, ramas de las que penden girones de líquenes y el sonido del río al fondo del barranco terminan de componer un paisaje para el recuerdo.

Hemos ido en paralelo al curso del Arroyo de Cuesta Abejares y a kilómetro y medio encontramos una bonita cascada, el Chorlón o Chorrón, aunque el caudal no es muy abundante la caída de sus 17 m. mantiene su fuerza y retiene la atención del grupo.

Estamos en el Valle del Arroyo de Cuesta Abejares y nos hemos situado al nivel del río que cruzamos por primera vez sobre unos tablones, después cruzaremos en bastantes ocasiones y es de agradecer que en todas ellas haya puentes, aunque con la madera muy deteriorada por la humedad, resbaladiza y oscilante a nuestro paso, su presencia es un regalo para poder recorrer este bello paraje que a cada paso se asemeja más a esos Pirineos que, al visitarlos recientemente, todavía tenemos en la mente.

El paisaje va cambiando, vamos campo a través y las praderas y el pinar toman el Sendero de las Nilsas, como a dos kilómetros encontramos la Cabaña del Pastor, una rustica construcción utilizada como refugio en estos inmensos pastizales, puesto que persiste el pastoreo tradicional de altura.

Un poco más arriba podemos divisar, a cierta distancia y envuelta en la niebla, la Casa del Dólar, otro refugio más moderno y en el poste indicador vemos que tan solo hemos caminado 1 km y 300 m y que quedan 2 km hasta la Nilsa Chica.

Distancia se hace un poco larga porque la pendiente va in crescendo y el sendero no siempre es fácil, detalles que se llegan a olvidar al atravesar esos largos tramos de bosque con una gran diversidad de arbolado cono hayas, robles, pinos perfectos y bien dispuestos, otros de formas fantásticas tan típicas del arbolado que intenta medrar entre circunstancias adversas y junto a ellos, incluso formando parte de los mismos, numerosos acebos.

Llegando a la cima la niebla queda por debajo de nuestra altitud y envuelve los árboles que crecen en el barranco, una perspectiva poco habitual. Tomamos el sendero de la izquierda y el descenso comienza con el terreno un tanto irregular, pero no tardamos en volver al praderío de suave pasto y un hermoso valle se extiende ante nosotros.

A quinientos metros de la cima descubrimos la pradera de la Nilsa Chica, con sumideros repletos de agua recorriéndola, serpenteando en vericuetos que se estrechan y ensanchan, que se acercan y se alejan entre ellos, formando todo un entramado de canales que rebosan agua, dignos de ser admirados además de por su belleza, por su importancia ecológica.

Debido a esta red de sumideros las Nilsas son cuencas lacustres de origen glaciar que están llenas de material vegetal más o menos descompuesto conocido como turba de agua dulce.
Estas praderas hidroturbosas funcionan como refugios de biodiversidad, albergando especies protegidas y vegetación especializada. Su conservación es vital, dado que están amenazadas por la disminución de precipitaciones y la presión del ganado, que busca agua y pasto fresco en estas zonas.

Nos quedaríamos más, pero hemos de retomar la marcha cruzando la extensa pradera, tan parecida a las pirinaicas, pero ésta perteneciente a la a veces seca Castilla y al casi desconocido Circo Glaciar de Riofrío y sus cumbres montañosas como Muñalba o Tres Provincias.
Llegamos hasta al paraje donde almorzaremos sentados sobre las rocas. Frente a nosotros descubrimos un paisaje poco habitual, la verde pradera queda rasgada por una amplia y profunda brecha de tierra rojiza, pero el sumidero apenas lleva agua, con lo cual, aunque sea temporalmente, parece evidenciar la amenaza comentada anteriormente.

Pasamos por la Nilsa Grande sin apenas percatarnos, al no encontrar los espectaculares sumideros que colmatados recorrían la Nilsa Chica, aunque la extensión de la pradera es mayor y en ocasiones haya que ir evitando el agua que aflora, en este momento es menos llamativa que su hermana chica.

Los sumideros y cauces de agua son una maravilla de la naturaleza, pero a la hora de cruzarlos no son tan deseados, nos iremos topando y evitando el serpenteo de agua hasta que no queda más remedio que pasar sobre la misma, hemos de cruzar Río Frío y el paso sobre piedras no es una opción; de manera que elegimos entre descalzarnos o el uso de calzas de plástico, siendo esta opción la mayoritaria, pasando todos sin contratiempos.

Volvemos a alternar denso pinar y pradera, para después tomar una pista bastante larga, donde el paisaje continúa siendo impresionante y centenarios robles, para los que la primavera no ha llegado, quienes caracterizan este tramo, cuyo trayecto, sin apenas obstáculos y cuesta abajo, nos lleva con rapidez al estacionamiento de Riofrío.

No sin antes pasar por el agua de nuevo, para vadear el arroyo de Riofrío tenemos que utilizar las calzas y algunos compañeros pasan sin más, confiando en el goretex de las botas, ya que se trata de una superficie bastante llana y el agua, aparentemente, cubre poco, aunque era algo más de lo que parecía. Dos kilómetros más caminando por pista y pronto llegaremos al parking, terminando nuestra ruta.

Una ruta bien señalizada, con constantes postes indicadores de dirección o con la marca blanca y amarilla de la PRC -BU-205- pintada en los árboles y en oportunas estacas clavadas en el suelo y, sobre todo, ha resultado magnifica y revitalizante, llena de paisajes únicos y poco conocidos.
Ana María Abajo