En el Valle del Cinca, crónicas Pirenaicas 9 y 10 de mayo de 2026.

1 Ermitas de Tella y Canal del Cinca

Como ya habíamos anticipado, regresamos al Pirineo oscense para seguir conociendo sus comarcas, dirigiéndonos en esta ocasión a la de Sobrarbe donde vamos a conocer Tella y Bielsa que son dos enclaves naturales de gran belleza, ocultos entre las montañas del Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido.
Para llegar al punto de inicio de la ruta de hoy, nos esperan aproximadamente 348 km de trayecto, que realizaremos en autobús. En esta ocasión, al volante, Juan Carlos.
Tras pasar Aínsa, abandonamos la N-260 con un giro de casi 180° en la carretera para incorporarnos a la A-138, por la que ascendemos durante unos 8 km. La carretera de montaña es estrecha y culebreante, apenas suficiente para el paso del gran autobús, que encuentra alguna dificultad al afrontar las curvas de Cortalaviña. Además, la cercanía del barranco hace que el trayecto se viva con cierta tensión.
La llegada a Tella, situada a 1.340 metros de altitud, culmina con un merecido aplauso para el conductor. Apenas nos detenemos en el pueblo y enseguida comenzamos la ruta adentrándonos en un paisaje exuberante, dominado por una explosión de tonos verdes que proporcionan pinos, boj, hierba, matorrales recién brotados y flores. El camino es fácil y relajante, y avanzamos en busca de las tres famosas ermitas de Tella.

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Al dejar el camino resguardado entre el bosque, se abre un gran claro desde el que admiramos” La Peña de S. Juan “o el “Puntón de las brujas” y debajo del peñasco con estas dos denominaciones tan dispares, aparece la primera ermita que es la de S. Juan y S. Pablo que data del S.XI y es la más antigua. Consta de una nave y cabecera en herradura y tiene una cripta bajo el ábside. Consagrada en 1019, su ubicación no puede ser más espectacular y Soria Paso a Paso, deja su corazón azul en el Santuario.


Un sendero en ascenso nos lleva rápidamente a la segunda ermita, que es la de Nuestra. Sra. de Fajanillas. Esta construcción es del S. XIII y la torre se le adosó en el S. XVI. Encontramos a la Virgen llena de flores y de ofrendas. Paralela a ella sobre la ladera de enfrente se encuentra la ermita de “la Virgen de la Peña” desde cuyo mirador (Cima Abellanera 1407 m) disfrutamos de las vistas sobre la Garganta de Escuaín y las grandes moles que la rodean. A la vista también tenemos Tella de la que se decía “Tella, Dios te libre de ella”.

El Puntón de las brujas era donde popularmente se creía que se hacían los aquelarres y estos tres santos lugares hacían un anillo protector contra la brujería y los poderes telúricos.

Volvemos por un camino bien marcado, acabando un recorrido sencillo y bello y ahora sí, le hincamos el diente al pueblo observando su arquitectura con tejados con lajas de pizarra y ciertas chimeneas coronadas con espanta Brujas, llamadas “chamineras” que están culminadas por rocas lisas, crucifijos o vasijas; las calles de Tella son escasas y al pasear, nos refrescamos en la Fuente de Piedra de 1919 ; encontramos museos etnográficos y “La casa de la bruja y de hiervas medicinales “. Con este ambiente tan exotérico, nos sentamos a comer alrededor de la Iglesia de S. Martin.
En este rincón del Alto Aragón pervive un rico pasado cuyas raíces se remontan a la Prehistoria. La zona ofrece rutas para visitar yacimientos de gran interés, entre ellos la Cueva del Oso Cavernario y el Coro Tránsito. El vestigio megalítico más famoso y accesible es el “Dolmen de Tella” o” Dolmen de Vasar” que data del cuarto milenio antes de Cristo, formado por una losa de cubierta y seis ortostatos, se sabe que fue un monumento funerario.

En este rincón del Alto Aragón pervive un rico pasado cuyas raíces se remontan a la Prehistoria. La zona ofrece rutas para visitar yacimientos de gran interés, entre ellos la Cueva del Oso Cavernario y el Coro Tránsito. El vestigio megalítico más famoso y accesible es el “Dolmen de Tella” o” Dolmen de Vasar” que data del cuarto milenio antes de Cristo, formado por una losa de cubierta y seis ortostatos, se sabe que fue un monumento funerario.

 

2 Canal del Cinca.

 

Dejamos atrás las huellas de los primeros pobladores para dar un salto hasta la década de 1920. Fue entonces cuando se construyó un canal con el objetivo de conducir el agua desde Pineta hasta la central hidroeléctrica de Lafortunada. Hoy, además de transportar agua, este trazado también guía a numerosos senderistas.
El recorrido del PR-HU-137 comienza entre bosque y verdes praderas, salpicadas por alguna senderilla. Poco a poco, el camino asciende y se estrecha hasta convertirse en un hilo que recorre la ladera de la montaña, por el que avanzamos con precaución.
Pronto aparece el primer canchal sobre el paraje denominado “La Yerma”, que debemos atravesar.

Aunque impone cierto respeto caminar por él, por la sensación de quedar muy expuestos, la repetición de estos tramos pedregosos hará que desaparezcan poco a poco todos nuestros reparos.


El trayecto se disfruta especialmente al llegar al primer tramo excavado en la roca, uno de los pasajes más llamativos y singulares de la ruta.

Las laderas calizas están húmedas y frescas con mucha vegetación que constituye también un atractivo más, destacan los helechos machos que crecen sobre el abundante musgo y las prímulas de montaña como la oreja de oso de color morado que crece en las grietas o rastreras como la coronilla del rey de color azul violáceo. La lechetrezna macho está en su mayor esplendor con su floración y con sus grandes cápsulas negras llenas de néctar.

Seguimos colgados por la montaña, ahora sobre el barranco de Sarra, pasamos un puente y en ocasiones caminamos sobre el cemento que conforma el propio canal o bien vemos el agua que circula por él.

El Mirador del Caixigar es el siguiente punto de parada para ver su mesa interpretativa del paisaje con la que podemos repasar las altas cumbres en la confluencia de los ríos Cinca y Cinqueta.

A esas alturas, ya son aproximadamente las cinco de la tarde y hemos recorrido cerca de la mitad del camino. Por ello, hacemos una breve parada para reponer fuerzas, conscientes de que aún nos quedaba un buen trecho por delante.

Reemprendemos la marcha con nuevos ánimos y seguimos por caminos estrechos y pedreras y tras pasar por restos de antiguas construcciones donde vivieron los obreros que trabajaron en el canal, llegamos a una segunda zona más escarpada,

excavada en roca nuevamente, con pasamanos en ciertos tramos donde se disfruta especialmente haciendo fotos en el contraluz del túnel.

Otro punto donde paramos unos minutos que es “el Mirador de Partet de la Mascarina “: Es un balcón sobre el valle del alto Cinca hacia Bielsa desde donde vemos barrancos y bosques de pino negro y hayas junto con las cumbres del Sobrarbe. Al llegar a la apertura del valle, descubrimos lo que es un cono de deyección en un panel explicativo donde se nos dice que es una acumulación de sedimentos en forma de cono o abanico que se forma al final de un valle cuando un río o torrente pierde energía y deposita su carga de sedimentos.

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El tramo final es entre un bosque frondoso y fresco con pinos, quejigos y bog, nuestras piernas ya empezaban a resentirse cuando afrontamos una fuerte bajada que nos conduce ya hasta Bielsa. Nada más llegar, le preguntamos a Juan Carlos cómo ha ido el descenso por la estrecha carretera desde Tella con el autobús. Su respuesta, cargada de enfado, nos revela que ha sufrido un percance importante al no poder tomar alguna de las estrechas curvas.
Atravesamos un puente sobre una gran vaguada por la que discurre el río Barrosa y nos adentramos en Bielsa, famoso lugar por su carnaval. Nos hospedamos en el Hostal Pirineos Meliz, donde sus dueños nos recibieron con gran simpatía y amabilidad y nos ofrecieron una sabrosa cena, durante la cual Juan Carlos por fin se relajó y recuperó el buen humor. Además, nos prepararon un generoso picnic, perfecto para afrontar la jornada siguiente, en la que seguiríamos disfrutando del paisaje alpino, esta vez recorriendo un valle glaciar.

 

3 Valle del Barrosa.

 

Comenzamos el segundo día desayunando con la amable gente del hostal, que nos trató maravillosamente. Después de atravesar Bielsa llevando las maletas hasta el autobús, este nos llevó hasta un pequeño aparcamiento en la carretera A- 138. Allí cruzamos el puente del Tartico junto a unas cascadas que nos ofreció el río Barrosa, afluente del Cinca.

La ruta no tenía mucha dificultad, con senderos de poco desnivel, a excepción del primer tramo que pasa por el hospital de Parzán, un yacimiento del que en la actualidad quedan pocos restos. La minería fue una importante industria en esta zona en el S. XX. Se extraía plomo argentífero y el material se transportaba a Francia mediante un cable aéreo que cruzaba las montañas hasta Moudang (Aragnouet).

Según caminosdebarbastro.blogspot.com y mtiblog.com, las ruinas de los edificios las componen la casa de los ingenieros, los talleres, los lavaderos del mineral, los barracones de los mineros y la estación inferior del teleférico.

El origen de la mina se debe a la sociedad franco belga Minas de Parzán, creada en 1912, finalizando su andadura por no ser rentable en 1928. Junto a la carretera estaba el lavadero, destruido durante la Guerra Civil. De las dos estaciones de teleférico solo queda la que iba a la Mina Luisa, que es el lugar que más comentarios generó por nuestra parte. Únicamente dos edificios se han reconstruido: el de dirección y la central, que volvió a funcionar desde el 2011. La casa de dirección se llama “Casa Bosar” por el subdirector alemán que la habitó. En la Guerra Civil fue el cuartel general de la 43 división.

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Atravesamos bosques de pino Albar hasta llegar al valle de praderas verdes mientras el río nos acompaña todo el camino poniendo música al trayecto. Desde el momento que empezamos la ruta, las nubes, aferradas a las montañas, no nos dejan ver claramente el paisaje, y crean una atmósfera íntima. Algunas gotas caen, aunque hay teorías conspiratorias de que es la niebla que arroja su vapor sobre nosotros. Ese ambiente invita a pensar en la magnitud de las montañas que rodean el valle, en silencio por la niebla y la hora temprana. Es precisamente por esa lluvia por lo que no nos encontramos con muchos senderistas. Alguien llamó a este valle los dominios del granito. Este material aporta majestuosidad al entorno siendo un gran aliado del montañero en momentos de humedad porque no resbala.

En el valle hay neveros que zigzaguean en forma de senderos sinuosos. Es un lugar propicio para encontrar nieve al final de la primavera y jugar con ella. Hay algo catártico al divertirse con ese elemento que nos transporta a la infancia. Algunos tiran bolas y disfrutamos al cruzar el ventisquero por encima del río que fluye a nuestros pies. Enedina se alegra de haber tomado la decisión de venir. Llegamos al circo, espectacular, que coronan dos tresmiles: el bajo Robireña y la Munia. Allí nace el río Barrosa en forma de cascadas. Hay muchas por el camino, recondándonos que estamos en primavera y época de deshielo. Más allá está Francia. Los que tienen buena vista ven sarrios a lo lejos.

Al fondo del valle hay un bonito refugio de montaña que nos aguarda para darnos cobijo para almorzar.

La cabaña está habitable gracias a voluntarios. Había unos camastros tipo litera sobre los que comimos muchos; tantos que parecía el camarote de los hermanos Marx. Contamos hasta veinticinco personas en tan poco espacio.

 

Todos hacían sus cálculos sobre cuántas personas podían dormir allí.

Salimos, nos hicimos la normativa foto de grupo y el sol hizo acto de presencia de tal forma que todo lo que habíamos recorrido de ida parecía diferente a la vuelta.

Todavia nos quedaba la cascada del rio Barrosa.

Mi querencia a la cola del pelotón me dio una alegría esta vez, ofreciéndome la oportunidad de mirar hacia atrás y ver el circo sin gente, en silencio y soledad.

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Los pájaros piaban saludando a los rayos solares después de la mañana de niebla.
Llegamos al autobús y nos encontramos con María José, el conductor, y María Jesús, que ignoraba que su método de llevar el paraguas sin manos había sido un éxito ese día.

Volvimos al parking de Bielsa a comer.

En la media hora que nos dieron algunos se fueron a otro sitio, pero la mayoría se quedó allí a la vera del vehículo. Sacamos los bocadillos y de repente se oyeron unos gritos. Los que no veíamos lo ocurrido, temimos por la vida de alguien. Pensábamos que el autobús iba a atropellar a alguno de nosotros, aunque no parecía moverse. Al final, descubrimos que la puerta del maletero se había cerrado y casi mutila a José Ignacio, si no llega a ser porque con su pericia dio un brinco y se metió al cubículo, por encima de las mochilas. He visto saltos de altura menos impresionantes en las olimpiadas, pero lo más curioso fue la actitud con la que salió del incidente. Después de un momento como ese, sus primeras palabras fueron: “Si no me queréis en el grupo, me lo decís y punto” o algo parecido. Hace falta tener un gran sentido del humor para tomarse las cosas así. Cuando vimos que estaba bien, empezaron las bromas. La de Ricardo fue la mejor. Llamó al incidente “una saturiada integral”, humor no entendible para los no sorianos. Con los sustos del bus en el cuerpo, pero alegres, volvimos a Soria más temprano de lo habitual, con recuerdos inolvidables y, sobre todo, sanos y salvos.

Emi y Chus

 

 

 

Emi

One Comment so far:

  1. Pues ha quedado superchulo el relato final. Un gusto compartirlo contigo. Muy interesante la explicación de la mina que nos has aclarado porque todos nos quedamos con las ganas de saber lo que era.
    Vaya susto lo de Nacho, no me entere.

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Posted by: soriapasoapaso on