SIERRA DE ARMANTES, EL FAR WEST ATECANO – 16 DE MAYO 2026

Hoy tenemos una ruta especial, tanto porque los anfitriones son nuestros compañeros Ana y Ángel como por el increíble paisaje que visitaremos.

Nuestro sherpa vuelve a ponerse al frente del grupo y, como buen atecano, en una ruta muy querida y frecuentada por él e inolvidable para quienes la recorrimos allá por el año 2019.

Como hay compañeros que no la conocen y somos bastantes los que deseamos no solo repetir, sino descubrir nuevos parajes. Iremos en autobús para poder realizar una ruta lineal y recorrer los lugares más emblemáticos de una zona de colinas y barrancos de arcillas rojas modelados por la erosión.

A eso de las ocho ya estamos en Cervera de la Cañada, de la Comarca de Calatayud, punto de partida hacia la Sierra de Armantes.

Un nombre sonoro, que proviene de un despoblado medieval situado entre los términos municipales de Ateca y Cervera de la Cañada. Una de las teorías sobre su etimología y origen lingüístico lleva a un origen prerromano y diversos estudios toponímicos sugieren un origen vasco-ibérico (euskera), derivando de la raíz \(armo-ana-ti-aiz\), que se traduciría como «peñas de altos pedregosos”.

El paisaje es aún semi urbano, pero ya nos sorprende una roca con dos oquedades a ras de tierra y si no en ese momento, al ver la foto inevitablemente surge la siempre subjetiva pareidolia.

Caminamos por pista y, como a dos kilómetros y medio de Cervera, llegamos al río Ribota y nos encontramos con una crecida poco habitual, lleva tanta agua que el paraje se ha convertido en una red de arroyos que hay que cruzar.

Algunos compañeros, previsores, llevan calzas de plástico en la mochila, pero la mayoría tiene que cruzar descalzo, otra alternativa es mediante piedras y Marian encuentra. aunque un poco alejados, dos pedruscos bien colocados, pero falta un tercer punto de apoyo, así que amontonando piedras más pequeñas logramos pasar las dos tan ricamente y evitar un segundo riachuelo.

Vadeados los arroyos subimos un pequeño desnivel y nos dirigimos hacia la derecha, teniendo a la vista el Pico de Armantes, que tan familiar nos van a resultar, pero de momento lo más próximo son los campos con los primeros brotes de vid, poco a poco el ascenso se va dejando notar.

A poco más de 5 km. desde el inicio de la ruta llegamos a la intersección donde el grupo se va a dividir, uno guiado por José Antonio se dirigirá hacia la derecha y caminarán por la falda del Armantes y el grupo de Ángel va hacia la izquierda, por el sendero denominado Los Indios y es el que vamos a seguir en este relato, para después encontrarnos y visitar juntos el Far West atecano.

Ya desde lejos, podemos admirar alguna de estas formaciones geológicas que le han dado el mencionado sobrenombre o el de Monument Valley, pero antes de entrar en estos sorprendentes parajes nada mejor que conocer su origen geológico:

En su base predominan los yesos, los estratos intermedios son de arcillas y margas, y la cima está coronada por calizas.

En cuanto a su formación la erosión diferencial del agua y el viento ha esculpido estos materiales durante milenios. Las capas superiores de caliza actúan como una coraza que protege a las arcillas blandas rojizas que se encuentran debajo.   

Resultando que al desgastarse los materiales más blandos de los laterales, quedan en pie columnas y formaciones verticales aisladas con aspecto de castillos.

Los Castillos, se denomina el paraje y efectivamente parece una fortaleza de piedra bermeja con sus torres y murallas perfectamente esculpidas, también al fondo del barranco se puede ver otra larga muralla de muros almenados.

El conjunto formado por estas elevaciones de formas fantásticas y profundas cárcavas, resulta tan fascinante que fotografiarlo repetidamente, en todos los ángulos posibles, es como querer capturar su secreto, pero por más fotografías que se hagan ninguna llegará a captar la magia esta maravilla natural.

Contemplando y fotografiando “el castillo” desde distintas perspectivas vamos ascendiendo hasta llegar al Mirador de Castillejos. A una altitud de 837 m. el paisaje que se divisa es magnífico y lleno de contrastes, de un terreno duro y escarpado de tierra roja a los llanos pintados del verde primaveral de los cultivos.

Seguimos el sendero que discurre por un agradable pinar que nos llevará al vértice geodésico y a la cruz de Armantes, uno de los hitos importantes de esta ruta. En la cima descansamos de una subida acumulada bastante fuerte (532 m. de desnivel positivo).

Almorzamos y contemplamos el extenso y bonito paisaje que tenemos a nuestros pies, un tapiz de originales diseños, formas y colores siempre diferentes. Hay cereal, viñedo y campos cubiertos por placas solares.

Tomamos el sendero para después desviarnos hacia la derecha e ir llaneando y disfrutando de la panorámica, a lo lejos divisamos al resto del grupo, aún queda un largo descenso para encontrarnos.

A medida que bajamos los pinos se van introduciendo en el paisaje dejando atrás el ralo terreno de la cumbre, siendo las plantas medicinales y aromáticas como el tomillo, romero o la salvia las más fieles durante toda la ruta, amén de coloridas flores que también están en su apogeo e inundan los caminos. Poco después de salir a la pista, en una intersección esperan nuestros compañeros y reagrupados proseguimos la ruta.

Una señal nos indica que girando a la izquierda y en menos de dos km. llegaremos al Far West, también conocido como el pequeño Cañón del Colorado porque recuerda las películas de este género cinematográfico, aspecto que destacan con el diseño de la cartelería empleada y nombres como Sendero de las Caravanas o Sendero de los Indios.

Y, con la energía de los mismos caminaremos por estos lugares que parecen cincelados por el aliento del gran espíritu de la Madre Tierra que, para entrar al pequeño Cañón del Colorado, ella pide plena atención, observar la tierra que pisamos y caminar con paso lento y certero.

Al menos para bajar por la pronunciada y erosionada pendiente que abandonamos en cuanto podemos buscar la seguridad de los matojos. Salvado el terraplén seguimos adentrándonos en este paraje de tierra roja, cuyas formaciones pétreas recuerdan los antiguos templos orientales  o un gran complejo palacial esculpido en la piedra por el tiempo, el agua y el viento.

Las impresionantes alineaciones de estructuras arcillosas que surgen de la tierra y se alzan al cielo como castillos o majestuosos palacios con sus columnatas y sus murallas perfectas, cuyas puertas desdibujadas guardan tesoros geológicos, los secretos de un mundo desaparecido hace miles de años; incluso de un mar cuya salinidad aún se deja notar en la humedad de Ateca.

El tiempo apremia y hay que dejar este lugar tan especial, donde incluso las formas más simples como los ángulos parecen obras de ingeniería y qué decir de la formidable muralla que admiramos al partir.

Pronto, las ciclópeas formaciones rocosas quedan recortadas en la lejanía y los sembrados nos traen la cotidianidad, pero el sustrato de yesos que pisamos anuncia la pronta llegada a otro paisaje de fantasía y de erosión, de formas blancas y redondeadas donde no dejan de surgir pareidolias.

Atravesamos este paraje casi lunar y comenzamos a caminar por el angosto barranco del Piojuelo, formado por el curso del río Manubles por cuyo cauce apenas corre un reguero de agua que no es obstáculo, pero el terreno no resulta fácil de transitar y con el cansancio acumulado parece interminable. Los derrumbes de rocas parecen ser frecuentes, incluso se ha taponado la entrada de una cueva que conocían los compañeros que han venido más por la zona.

Pasamos por una fuente natural con el mismo topónimo, no se puede negar que el diminutivo le da un cariz cariñoso a un parasito nada simpático. El último de los hitos de la ruta es Puente Pelo, otra  formación geológica de arenisca, horadada por aguas de escorrentía que atraviesa el barranco formando un arco natural que da como resultado un curioso puente.

No tardamos en llegar a Ateca, el autobús espera cerca de una balsa, hasta ahora dedicada al regadío, donde nadan los patos y se escucha el croar de las ranas, al otro lado de la charca resalta el colorido de centenares de flores que nacen en las lindes de los campos…, la pujanza de la naturaleza contrasta con el extenso parque de placas solares.

El proyecto fotovoltaico se denomina Cluster Terrer, un complejo de 134 MW de potencia formado por tres plantas. Está ubicado entre los términos municipales de Ateca, Moros y Terrer (Zaragoza) y comprende casi 300.000 paneles solares.

Lo primero es quitarnos la mochila, cambiarnos de calzado y descansar escasos minutos en el autobús que nos deja cerca del restaurante donde nos espera una apetitosa paella, de carne o de pescado y vino de la tierra.

La tarde acaba de empezar y conoceremos la Ateca más artística e histórica en una interesante visita cultural que Ana y Ángel han preparado para nosotros con el mejor cicerone, Adolfo al que agradecemos su tiempo y su buen hacer al transmitirnos de forma tan amena todo lo relativo a Ateca y sus edificios históricos.

Nos encontramos con él en la plaza del Ayuntamiento para ir a la Torre del reloj, que se construyó sobre la antigua muralla del castillo y está inclinada desde su construcción por un problema con la masa y su secado, al igual que la puerta mudéjar de Ariza, una de las cinco que tenía la muralla.

Muy cerca del castillo, donde escuchamos la historia y curiosidades de la torre y de la fortaleza, podemos ver el ábside heptagonal de la Asunción, iglesia sobre la que Adolfo es todo un experto y va a comentarnos los pormenores de su construcción tanto del periodo mudéjar como barroco y posteriores añadidos.

Construida en ladrillo a principios del siglo XIV sobre los restos de una mezquita, su fachada queda flanqueada por dos torres, una quedó inacabada y se completó con un campanario y la otra es una verdadera maravilla que destaca por su decoración  característica del estilo mudéjar, siendo lo más llamativo distintas series de platos y columnillas de cerámica vidriada verde y ocre.

El muro posterior de la torre queda oculto por el cuerpo de la iglesia, que también cuenta con una típica galería aragonesa y vamos a tener el privilegio de recorrerla, pudiendo ver muy de cerca esa cara oculta de la torre donde quedan tan solo dos platos vidriados que no han podido arrancar, el resto se los han llevado.

El interior de la iglesia guarda auténticos tesoros artísticos, siendo su máximo exponente el retablo, una obra realizada por grandes artistas de la escultura y de la talla, así como de la pintura, policromados, dorados y del estofado, la última técnica imita los tejidos de brocado y la de este retablo es magnífica.

Sin extenderme más, al menos mencionar las claves de sus bóvedas, las capillas y sus frescos, la monumental peana, el Cristo románico, el órgano del que pudimos escuchar unas notas…

Entramos en la sacristía y Adolfo nos mostró una poco habitual pintura de la Purísima y explicó el sentido de la frase “Estar en cinta” por una cinta que llevaban las mujeres embarazadas y que también porta la Virgen, asimismo lleva un vestido encarnado, como símbolo de la encarnación de su hijo.

Finalizamos en la Casa del sacristán, actual museo y flipamos con los dos pasos de Semana Santa dedicados a la muerte, que si decimos que eran auténticos es literal.

Nuestros queridos compañeros Ángel y Ana nos acompañaron hasta el autobús, no sin antes visitar una tiendecita donde pudimos comprar tabletas de chocolate elaborado de forma artesanal en Ateca y pastas, algún merengue también cayó.

Ya de camino hacia Soria, nuestro conductor tuvo el detallazo de pasar frente al paraje por el que caminamos por la mañana y mirando hacia el horizonte, pudimos contemplar de nuevo el Far West atecano.

Ana María Abajo

One Comment so far:

  1. Genial Ana, gracias por esa información geológica tan interesante con la que podemos entender mejor este territorio tan impresionante.

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Posted by: soriapasoapaso on