Nuestra azarosa ruta por el cañón del Talegones (14/3/26)

 

A principios de marzo empieza la primavera climatológica y los narcisos silvestres que nacen en el cañón que recorre el río Talegones son la avanzadilla de la primorosa estación. Este anhelado recorrido de hoy (es una ruta con mucha fama en el grupo) cobra todavía más valor gracias a la competencia de nuestro compañero Jose Luis, oriundo de Retortillo, quien conoce a fondo los alrededores de la Sierra Pela y que hoy es nuestro” socio guía”. Sin embargo, Jose Luis va a ser gobernado, a su vez, por el río que discurre bravo y serpenteante y que se va a interponer en nuestro camino, haciéndonos buscar otras alternativas u otras soluciones ingeniosas para poder cruzarlo o bordearlo.

Empezamos la ruta en la población de Lumias que se encuentra escondida entre roquedos kársticos y rojizos y aunque sus casas de piedra, del mismo tono que la ambiental están restauradas y cuidadas, no vemos un alma. Vamos recorriendo con curiosidad sus silenciosas calles, de forma que unos se acercan a ver la escalinata que conduce a su Iglesia románica de Ntra. Sra de la Asunción, otros nos dirigimos al puente de piedra desde donde tenemos nuestro primer contacto, por ahora solo visual, con el Talegones que entra en el pueblo con un bonito salto.

Al dejar atrás el pueblo, el paisaje cambia y nos vemos rodeados por imponentes paredones donde los buitres encuentran su hogar. Junto al sendero, la floración de varios almendros en su momento álgido también da el primer toque de color y vida al gris y apagado cañón. A lo lejos, un rebaño de ovejas abandona su aprisco, guiado por su pastor y acompañado fielmente por su perro, una escena que nos hace ver el ritmo pausado de la vida rural.

El camino apenas ha comenzado y ya nos deleitamos con los extensos campos de narcisos “trompeta”. Estas flores brotan en las praderas muy húmedas, dispersas entre los claros del bosque, y destacan con su vivo color amarillo sobre el verde intenso del suelo. La naturaleza del cañón está dormida todavía: los chopos, fresnos y mimbreras forman una maraña gris, aunque, si prestamos atención, podemos distinguir ya pequeños brotes y yemas por todas las ramas. A medida que avanzamos contracorriente, seguimos disfrutando de la visión de los narcisos, que aparecen aquí y allá y llenan la todavía durmiente garganta de animación.

Nos alejamos una corta distancia del río y entramos en un entorno húmedo y cubierto de vegetación, donde el musgo y los líquenes dominan y envuelven antiguos caminos y viejos lindes. También pasamos por canchales que descienden la ladera como corrientes pétreas que contrastan con la delicadeza y fragilidad de los narcisos. Viejas carrascas encuentran su lugar también en el ecosistema vertical y llaman la atención enormes y nudosos chopos que son los que ocupan el fondo de la gran brecha.

Del entorno húmedo nos vamos directamente a sumergirnos en las frías aguas del río Talegones ya que, con botas y calcetines en mano, muchos de nosotros atravesamos el río por un paso inundado, mientras algunos otros aprovechan las calzas de plástico que llevan en sus mochilas para facilitar el cruce.

Estas circunstancias de pasar el río tan frecuentemente (según nuestra experta senderista Pilar, hay que atravesar el río hasta veintiuna veces antes de llegar a Torrevicente) hacen que se prolongue la ruta, convirtiendo la mañana en una experiencia animada y entretenida.

Tenemos que destacar y dar las gracias especialmente a Víctor, Jose Luis, Jose Antonio y Santiago, Félix, Jesús… que fueron los más audaces aplicando soluciones a cada uno de los momentos complicados, que iban desde buscar piedras o troncos para construir un puente a buscar pasos y senderos alternativos por la ladera que nos permitieran vadear el río

Así de entretenidos llegamos a una amplia pradera en pendiente sobre el río donde paramos a tomar el almuerzo y descansar un rato. De aquí en adelante seguiremos saltando el río, pero ya por pasos con piedras más grandes que nos permiten brincar entre ellas de forma cómoda pero varios pies en un salto u otro van al agua irremediablemente también.

Torrevicente lo vamos intuyendo cuando empezamos a ver pucheros con caras simpáticas pintadas, encima de los indicadores de madera. Seguimos el curso del río que se va ensanchando hasta ver Torrevicente enclavado en la ladera, dentro de la garganta del cañón. Pero hay cuatro compañeros que han decidido explorar nuevos caminos por la paramera superior y que se unen al grupo de nuevo sin novedad, reconociendo que estas escapadas no se deben hacer.

No nos entretenemos a visitar el pueblo porque vamos muy mal de tiempo y desde aquí cambiamos al compañero fluvial, ya que en esta zona se une al Talegones el arroyo Retortillo que es al que debemos seguir para llegar al pueblo de Jose Luis. El tiempo empieza a empeorar y dan comienzo los aguaceros intermitentes. Tras seguir un buen rato el curso del arroyo, salimos de la hondonada por una zona de tainas derruidas y antiguas colmenas para luego transitar a campo abierto un buen trecho. Cerca ya de Retortillo se vuelve a presentar el reto de atravesar el arroyo dos veces seguidas para lo que hay que echar nuevamente piedras al cauce hasta hacer un paso transitable mientras nos cae una lluvia intensa con toques de granizo.

Según accedemos a Retortillo descansamos en su lavadero, que es como el testigo silencioso de la historia, como bien apunta Agnelo en el relato anterior. Avanzamos siguiendo a la muralla para aparecer detrás de su iglesia y atravesar uno de sus dos famosas puertas que es la de Oriente con tres almenas y arco de medio punto. Comemos en el parque junto al frontón en el que observamos que sería imposible echar un partido de pelota puesto que es de piedra irregular y según Wikipedia, resulta que es parte de la antigua muralla. Nos quedamos congelados mientras comemos porque la climatología sigue desapacible y vuelve a llover.

Encontramos refugio en la iglesia de San Pedro Apóstol, un edificio del siglo XV que constituye el más importante testimonio histórico y artístico del pueblo. Al entrar, nos detenemos a admirar su retablo de madera, que comparte el mismo estilo que el de la Colegiata de Berlanga.

En el interior, destaca la talla románica de la Virgen del Prado, una obra de gran valor que atrae la atención por su antigüedad y significado cultural. Además, la iglesia custodia las reliquias de Santa Úrsula y sus compañeras mártires, traídas desde los Países Bajos por don Luis de Peñaranda, siguiendo el encargo de Felipe II.

Jose Luis nos invita a fijarnos en el viejo órgano, que permanece olvidado y desvencijado en el coro. Este instrumento, aunque en estado deteriorado, representa otro elemento del legado musical y patrimonial de la iglesia.

Tras las intensas aventuras de la ruta, emprendemos el regreso a Soria recorriendo las tierras de Berlanga a bordo de nuestro autobús.

El ambiente en el vehículo es de satisfacción y cansancio. Al llegar a destino, en lugar del tradicional vermut, se opta por compartir una café post ruta, un momento de tranquilidad para cerrar el día senderista y Talegonero.

¡Feliz Primavera! Que el sol nos abrace fuerte y que la naturaleza nos contagie su fuerza en nuestras rutas.

Emi

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