A la Ermita de San Bartolomé por las Gullurías. 14 de febrero de 2026
En el día de S. Valentín, estamos pendientes de la novena borrasca de gran impacto que nos llega por el oeste, asique los senderistas nos vamos a rutear hacia el sureste de nuestra provincia huyendo de ella. Sin embargo, las tierras a ambos lados de la autovía que nos lleva al Burgo de Osma van estando cada vez más blancas a medida que avanzamos por ella, porque una fina cortina de copos blancos cae de continuo y además nos cruzamos con un par de quitanieves.
Sin que cunda el desánimo por estos fenómenos adversos meteorológicos, llegamos al pueblo de Ucero al que encontramos envuelto con la misma neblina blanca que hace que se difumine el castillo que domina desde la colina los valles del Lobos y el Chico.

Desde el aparcamiento de la casa del parque comenzamos un ascenso potente por el camino conocido como el barranco del Molino entre encinas y romeros que nos lleva sin respiro hasta una antigua calera donde se extraía la cal de la piedra caliza a base de calor.

Al ascender por el sendero, el bosque comienza a hacerse más denso, mostrando una variedad de especies que caracterizan este entorno como la sabina albar que destaca especialmente, tanto por su tamaño importante como por las formas curiosas de sus troncos y ramas. Quejigos y encinas acompañan a las sabinas y aportan diversidad y carácter al paisaje. Bajo los árboles crecen jaras y varios tipos de arbustos difíciles de catalogar en esta época del año y toda la naturaleza está envuelta en líquenes y musgo.
El tiempo por ahora no cambia por lo que la nieve se va depositando poco a poco, formando un delicado manto blanco que va transformando el entorno de forma gradual y constante, hasta encontrarnos en un paisaje blanco de belleza serena y casi mágica. A pesar de la nieve, no hace frío; la precipitación consiste en un revoloteo suave de copos que nos va cubriendo poco a poco también a los senderistas.

El camino, sin exceso de barro, resulta cómodo. Las sensaciones que experimentamos son inmejorables, pues el ambiente invita a disfrutar y relajarse mientras seguimos subiendo la ladera hasta encontrarnos con los pinos de grandes agujas que ya están cubiertas de nieve, siendo inevitable que alguna compañera piense en los árboles de Navidad, evocando recuerdos festivos.
Ya en el mirador de las Gullurías, nos equipamos con chubasqueros porque la nevada se intensifica, lo que nos impide disfrutar de la amplitud de las vistas sobre el cañón desde este punto. A pesar de las condiciones meteorológicas, bien protegidos, comenzamos el descenso por el bosque, en busca de los atractivos rocosos que son característicos también de esta zona.

Durante la bajada, los paredones que forman el cañón empiezan a aparecer ante nosotros, mostrando sus formas cóncavas conocidas como “lermas” que se distinguen por estar teñidas de óxidos y sus grandes agujeros abiertos por la acción de la erosión.

El primer lugar que visitamos es un gran boquete, que actúa como un sifón por el que pasa el airón con mucha fuerza. Al principio, nos da un poco de miedo asomarnos, ya que parece que podríamos salir volando por la fuerza del viento, pero como siempre, Ricardo nos ayuda para que no nos perdamos el secreto que guarda este sitio que consiste en que en uno de los laterales de este boquete hay una pequeña cueva escondida, en cuyo interior vemos gracias a la linterna de Ricardo una gran columna kárstica situada en la parte superior de la oquedad que le da el aspecto de un templo ancestral.

El lugar más conocido y emblemático del Parque Natural del Cañón de Río Lobos es la ermita de S. Bartolomé donde llegamos al terminar el descenso y donde paramos a almorzar con la suerte de que el sol empieza a aparecer; esta circunstancia es aprovechada también por los leonados que comienzan a posarse en una cornisa y despliegan sus alas en toda su longitud y se dan vueltas, suponemos que para secarse el plumaje.

La ermita de S. Bartolomé fue construida en el primer cuarto del S.XIII, cuando ya se abría paso el gótico y esto se refleja en las arquivoltas apuntadas de su portada y aunque ya se sabe que no tiene un origen templario demostrado, es un lugar que tiene una energía y un simbolismo especial con esos rosetones emplazados en cada hastial del transepto por donde en determinados momentos del año entra una luz singular: En los días cercanos al equinoccio de primavera (20-21 de marzo) y otoño (22-23 de septiembre) el sol que sale por el este, penetra sus rayos por el rosetón occidental de forma que la luz atraviesa la nave iluminando el altar. La orientación del templo se supone que está buscada, el significado y la simbología de estos acontecimientos son muchos y `pertenecen tanto al mundo cristiano como al pagano.

Hoy S. Bartolomé está aislada de Cueva Grande, el meandro en el que se sitúa está rodeado de agua y en estas circunstancias el autor fluvial del cañón que hoy se hace notar especialmente con su imponente caudal y fuerza es el protagonista de la foto grupal.
El regreso es por el mismo camino. Durante la subida desde la ermita, realizamos una pequeña escalada que nos conduce hasta otro gran agujero conocido como el “Ventanón”. Desde este punto, es posible contemplar una panorámica impresionante del cañón, además de percibir de nuevo con gran intensidad el viento que atraviesa la abertura.

En cuestión de poco tiempo, la nieve que nos acompañaba en el inicio de la ruta ha desaparecido por completo. El retorno lo hacemos por el pinar en el que ya no queda ni resto del manto blanco que envolvía todo; vamos protegidos del viento entre los altos pinos, cuyas copas se balancean con fuerza por el gran vendaval. Atravesamos una zona con gran número de troncos doblados o rotos que evidencia la presencia de vientos y humedad extrema en la zona, que han dejado su huella en la vegetación.

De vuelta al mirador de las Gullurías, disfrutamos de una vista renovada del profundo tajo excavado en las calizas, ahora iluminado por los rayos del sol. Resulta sorprendente comprobar cómo las circunstancias climatológicas pueden transformarse tanto en tan poco tiempo, hasta el punto de parecer un día completamente distinto.

El descenso es rápido y agradable. El sol continúa acompañándonos, lo que hace el trayecto aún más placentero y al ir llegando al aparcamiento se nos presenta de nuevo la oportunidad de contemplar de frente la fortaleza medieval de Ucero que antes estaba difuminada por la neblina. También descubrimos unas colmenas que pasaron desapercibidas durante la subida.

No podemos abandonar este lugar sin hacer dos visitas: la primera es al nacimiento del Río Ucero donde los paneles nos explican que en este inmenso Karst lleno de cuevas, simas y agujeros hay también sumideros de aguas subterráneas que afloran en determinados lugares como es el caso de esta surgencia del Río Ucero. El Lobos pierde su nombre y se une al Ucero que nace en estos momentos con gran fuerza y un potente cauce. Surgen dudas sobre si el Lobos tributa al Ucero o viceversa e incluso si ambos pueden ser el mismo rio porque puede ser que el Lobos se sumerja en la montaña y luego aflore de nuevo…más bien parece ser que el Lobos que nace en Mamolar (Burgos) transita por la superficie y el Ucero es fruto de las aguas subterráneas de la sierra.

La segunda visita que hacemos es al nuevo mirador de la Galiana que se trata de una moderna construcción suspendida sobre los 150m de cortados y desde donde se aprecia toda la majestuosidad del cañón que es Parque Natural desde 1985 y también el detalle, puesto que tiene prismáticos y un par de puntos estratégicos para ver la catedral del Burgo de Osma y el Castillo de Ucero.

Desde La Galiana, volvemos a disfrutar de una cervecita en Soria, comentando entre risas y asombro lo variada y espectacular que ha sido la mañana. Esta experiencia nos anima a afrontar futuros días de pereza o dudas, recordándonos que, aunque haya alguna circunstancia adversa, siempre merece la pena echarnos a los caminos a disfrutar de nuestro senderismo.

En próximas fechas, varias compañeras se van de viaje y deseamos que lo pasen genial en sus aventuras. Además, esperamos recibir información detallada de sus vivencias en las próximas rutas.
Emi