RUTAS QUE SON MEMORIA E HISTORIA. (20 de diciembre de 2025 y 17 enero de 2026)

El título no es caprichoso. Porque hay rutas que hacemos anualmente, siguiendo una tradición, casi reverencial, en función del tiempo y el lugar hacia el que dirigimos nuestro peregrinaje.

Y una de ellas, casi la más consagrada por nuestro grupo, es la puesta del Belén en el Pico Frentes, cada año por Navidad. Y la retirada de este, pasadas las fiestas navideñas

Y este año no podía faltar el culto a las puertas de estas entrañables fiestas, como es la colocación del Belen, a los pies del entrañable pico que observa nuestros movimientos por la ciudad que nos acoge, junto a la placa que recuerda la memoria de quien fue un ejemplar compañero del grupo. Y, posteriormente, la subida a nuestro familiar Pico a retirar las figuras que han testimoniado nuestra simbólica presencia durante estos días.

Empecemos por lo primero. La subida al Pico Frentes siempre es un día de alegría, celebración y recordatorio de las fechas que vivimos. Y, como no podía ser menos, no hacemos la subida ya reiterada y ritual de acceso directo hasta el punto geodésico que marca la altitud de la colina más elevada en las inmediaciones de la población soriana de Fuentetoba si no que vamos serpenteando entre carrascas, pedregales y yermos páramos   para visitar otros lugares que, no por no ser la primera vez que admiramos, resultan menos atractivos a nuestra curiosidad senderista.

Mientras caminamos, vamos encontrando a ras de suelo restos de las antiguas carboneras, todo un arte para quemar la madera de las carrascas y encinas que abundan por estos lares y obtener el preciado carbón, que era la materia prima con la que calentar viviendas en los crudos días del invierno soriano, a la vez que solucionaban el uso de la energía calorífica para fines culinarios.

Y no por conocidos resultan menos atrayentes otros rincones que, intencionadamente, están marcados hoy en nuestra ruta.:

Uno de ellos es la llamada Cueva de los Cazadores. Se trata de una generosa oquedad formada por desprendimiento del suelo junto a una pared rocosa, que da origen a una amplia galería bajo cobertura del macizo pétreo en forma de visera que protege su interior. Se accede a ella por una relativa fácil pendiente y, como su nombre indica, era el lugar de reunión, cuando no de protección de los accidentes meteorológicos, de los cazadores que por estas tierras batían espacios en busca del preciado trofeo cinegético. En su interior aún se conserva alguna rudimentaria mesa de piedra, cuyo uso no es difícil imaginar a qué estaba destinado.

Y siguiendo la programada ruta que nuestros sherpas han diseñado para hacer más agradable la prosaica subida al Pico, nos encontramos con otro rincón de indudable interés para los amantes de la espeleología: el espacio conocido como La Sima.  Como su nombre indica, no es un lugar que sea fácilmente visitable en su interior, salvo para los profesionales que hurgan en las cavidades interiores de nuestra corteza terrestre, y que a los ajenos en esta materia solo nos queda escuchar de aquellos lo que ocultan estos agujeros internos, a modo de acertijos sugerentes para nuestra capacidad de admiración. Solo diremos que, desde el exterior, se observa una prolongada grieta sobre el suelo, que nos hace pensar en una indefinida profundidad alargada hasta espacios que no alcanzamos a divisar.

Seguimos entre un espeso arbolado de encinas y carrascas, que pronto dan salida a un trecho del camino de aspecto más austero, donde la pisada se asienta sobre prominentes pedregales, hendidos en su capa más superficial por numerosas perforaciones producidas por efecto del agua, el sol, la lluvia, …..En definitiva, agujeros producidos por procesos geológicos como la meteorización (erosión por viento, agua, ácido) y procesos internos durante su formación (pequeños huecos o poros llenos de cristales que se erosionan). Es un suelo abrupto, en el que es necesario tomar ciertas precauciones al pisar, si la piedra está húmeda, aunque en este caso no encontramos mayores dificultades para transitar por ellas.

Y enseguida salimos a la cara más occidental del Pico Frentes, que nos permite una visión más nítida de los núcleos de población que se estiran bajo las faldas de esta emblemática y reconocida elevación montañosa (1.345 m. de altitud): Toledillo, Cidones y en su cara nororiental el polígono de Carbonera y las proximidades de Golmayo.

Continuamos por esta cumbre en animada conversación que forman los minúsculos grupos que se han ido creando a lo largo de la subida, con la mirada puesta en el horizonte más elevado en la distancia: la pequeña columna cilíndrica que marca el punto geodésico de máxima altitud.

Años atrás, nuestro modesto Belén lo colocábamos bajo una encina próxima a este emplazamiento. Desde el año 2019, con motivo del fallecimiento de nuestro recordado Julián, hemos trasladado este emotivo recuerdo unos metros más abajo, emplazando la colocación de las figuras navideñas al amparo de una oquedad que forma la pared de piedra próxima a la placa que recuerda a nuestro compañero.

El tiempo, aunque con cielo gris otoñal, nos había respetado. Allí hacemos el consabido refuerzo gastronómico que toda ruta exige. Y es en ese momento cuando el tiempo se torna hostil y comienza a enviarnos una lluvia-granizo-nieve, en forma de minúsculas bolas del tamaño de la sopa de sémola, que se empeñan en enturbiar la desenvoltura del bocadillo. No dura mucho tiempo y en apenas 5 minutos, volvemos de nuevo a disfrutar de las viandas celosamente conservadas en la mochila y, en esta ocasión, ampliadas con los presentes que cada compañero aporta para hacer más intenso y alegre este momento de la colocación de nuestro pequeño Belen, tributo a la Navidad con que el grupo rememora esta tradición histórica.

Gemma ha subido las figuritas navideñas, que, celosamente, va colocando en la oquedad de la piedra que ya se ha convertido casi en patrimonio del club en estas fechas navideñas. Y Chus Romero va repartiendo los folios cuidadosamente conservados en una cartuchera de plástico, donde están recogidas las letras de los villancicos que, espontáneamente, vamos entonando, uno detrás de otro, mientras facilitamos el tránsito intestinal de los bombones, las delicatesen de los turrones, el cava que ha descorchado José o las pequeñas barritas de chocolate almendrado que reparte Enedina. Por poner algunos ejemplos, porque han sido más los compañeros que han aportado su particular óbolo, en forma de delicias navideñas.

Satisfechas nuestras gargantas, tanto por la práctica del canto, como de la ingesta propia de la celebración, nos disponemos a emprender el camino de regreso hacia el punto de partida. Y lo hacemos por el sitio habitual, es decir, por el camino más corto hasta Fuentetoba, pero también el más vertical. Y en poco más de media hora estamos de nuevo ante el aparcamiento de los coches que nos devuelven a Soria.

Todavía quedan algunas semanas para que volvamos a recoger nuestra “pertenecía” navideña, que hemos dejado allá arriba, junto a la placa y la memoria de un compañero que se fue.

Es el día de S. Antón cuando de nuevo caminamos montaña arriba a recoger nuestro pequeño nacimiento y a saludar de nuevo a nuestro recordado Julián. Hoy comenzamos la jornada con aviso de lluvias, probabilidad de nieve y con una imagen fantástica del macizo de Pico Frentes con un gran remate de nubes espesas sobre él, por lo que, aquellos que saben apreciar el momento de tomar una buena instantánea fotográfica empiezan a sacar fotos ya desde el interior del coche según nos vamos acercando a la urbanización de Fuentetoba.

El día es plomizo e invernal y tanto por el campo de trigo que empezamos bordeando como por el sendero que seguimos hacia el alto de la Celada el suelo es blando, arcilloso y pegajoso; en esta ocasión tampoco podemos identificar la surgencia de la Fuente Romana porque sigue seca. Las nieblas se van moviendo de forma que desde el alto, vemos que ahora están sobre Soria y sobre las montañas del sur de forma que a lo lejos los aerogeneradores parecen surgencias fantasmales entre la niebla.

Nuestro siguiente objetivo es ir directos al borde de la Sierra Llana, dejando a un lado encinares, cuevas y simas porque Chano va alertando de que debemos espabilar y no entretenernos en nuestro camino ya que se escapa algún copo. La naturaleza nos regala el espectáculo de una manada de ciervos corriendo a lo lejos, según llegamos al borde de precipicio donde seguimos haciendo fotografías de la peculiar atmósfera que produce la combinación de capas de niebla sobre los pueblos y las montañas nevadas.

Las grandes aves que se hospedan en los cortados calcáreos nos reciben en gran número formando un batallón que planea muy bajo y que nos acompaña hasta llegar al punto geodésico donde como en tantas otras ocasiones nos deleitamos con vistas únicas y nos hacemos otra entrañable foto pasopaasera.

Al llegar al lugar donde habíamos colocado nuestro pequeño Belén, nos encontramos con que parte de las figuras están esparcidas por el suelo. Afortunadamente, ninguna ha sufrido daños y son recogidas y guardadas cuidadosamente para el próximo año por Gema y Ana.

Las nubes procedentes de las montañas del noroeste se tornan especialmente amenazadoras, y pronto nos vemos alcanzados por un par de algarazos de nieve por lo que tomamos el almuerzo rápidamente y un” Ferrero Rocher” ofrecido por Jesús, pone el broche final a nuestra hoy breve pausa de media mañana para iniciar el descenso de la montaña, apremiados por la llegada de los nubarrones.

Como parte de nuestra ruta de descenso, inevitablemente pasamos por la Monjía, lo que nos brinda la oportunidad de contemplar de cerca el avanzado deterioro de este emblemático lugar. Al observar sus tejados completamente hundidos, surge la esperanza de que la situación mejore ahora que el antiguo monasterio del siglo XI forma parte del patrimonio del ayuntamiento del pueblo.

Junto a la Monjía, la cascada de la Toba es otro de los dos enclaves más destacados de las faldas del Pico Frentes y cada vez que recorremos estos parajes la visitamos como colofón de nuestra ruta, comprobando el caudal de agua que desciende por la cascada, cuya fuerza y volumen dependen directamente del nivel de agua almacenado en el interior de la sierra.

Cumplida la misión de recoger nuestro Belén, llega el esperado momento de la comida anual, en la que todos los miembros del grupo nos reunimos para compartir mucho más que un simple almuerzo porque es ya una tradición que refuerza los lazos de amistad entre nosotros, permitiéndonos descubrir afinidades y nuevos puntos en común a través de la conversación y la convivencia. Todos estamos de acuerdo en que hay una pasión común ya compartida por todos: caminar por la naturaleza, subir y bajar montañas, cruzar ríos y explorar nuevos senderos.

Cerramos una etapa especial porque se ha celebrado el décimo aniversario del grupo y pudimos compartir una estupenda celebración con personas que pertenecieron al grupo y que fueron pilares fundamentales para su consolidación y buen funcionamiento. Hemos tenido un año de grandes aventuras y de experiencias inolvidables que nos han llevado a explorar desde las profundidades de la tierra en profundas gargantas hasta alcanzar cumbres de gran altitud porque algunos de los más valientes y fuertes del grupo lograron batir el récord de alcanzar un pico de 3.000 metros, un logro que supone un motivo de orgullo para todos.

Nuestros recorridos han atravesado ecosistemas muy diversos: hayedos llenos de vida, quejigares, sabinares, pinares, acebales, e incluso una impresionante Tejeda. También hemos paseado entre viñedos, subido cerros y visitado cascadas y majestuosos mayos, completando así un año repleto de experiencias y paisajes únicos.

Al iniciar las actividades de 2026, resulta imprescindible destacar la labor fundamental y altruista que realiza la junta directiva, cuyos miembros se encargan de organizar cada detalle de las actividades, asegurando que todo funcione correctamente y que la experiencia de los senderistas sea siempre satisfactoria. La implicación de todos es clave para fortalecer el espíritu del colectivo pasopasero y garantizar que las futuras iniciativas sigan siendo tan enriquecedoras como hasta ahora, para que nuestras rutas sigan quedando en nuestra memoria y haciendo historia.

AGNELO Y EMI

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