HOCES DEL ALTO EBRO Y RUDRÓN 21-22 de febrero de 2026
Dejamos atrás la esencia primera del grupo para dirigirnos a otras orillas, las del Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. La dificultad de la ruta reside en recordar el nombre del afluente del Ebro. Se barajaron todas las variantes fonéticas con escaso éxito, creo que, por similitud con el Rubicón, así que, como Julio César dijo: alea iacta est y cruzamos el río en Valdelateja para adentrarnos en el paraje que forma parte del Valle de Sedano en Burgos. Las paredes de roca caliza del cañón alcanzan los 250 metros de altura y la erosión ha excavado el terreno para crear cañones, gargantas, desfiladeros y un complejo kárstico.

La vegetación es muy variada y nos encontramos con hayas, melojos, quejigos, rebollos, sauces, alisos, arces, chopos, encinas y brezales. Después de un largo, lluvioso y gris invierno, nos recibe una niebla espesa y un día plomizo, y como ocurrió en la excursión de la semana anterior, la ida y la vuelta nos muestran el mismo paisaje con diferente tiempo atmosférico. Parecen dos lugares distintos, dos mundos. Tras las lluvias constantes padecidas en los dos últimos meses, visualizar las primeras flores y sobre todo las primeras mariposas nos produce una alegría inmensa. Por fin se vislumbra la primavera en el horizonte.

Comenzamos la caminata siguiendo una senda al lado del río, que lleva un caudal abundante después de las lluvias, y nos acompaña uniéndose al sonido de las conversaciones entre los senderistas. Poco a poco empieza una ascensión tranquila, que nos aleja del cauce y empezamos a ver el cañón con dificultad entre la neblina de la mañana. Algunos son optimistas y creen que la niebla desaparecerá. Las temperaturas son frías y vamos todos bien abrigados. En un momento, cuando casi hemos llegado a lo alto del cañón, giramos una especie de curva con la pared y el techo de roca sobre nuestras cabezas. Es el paraje al que llaman el Portillo.

Desde arriba, en el Llano, ya se vislumbran mejor las formaciones caprichosas que el río ha ido dibujando con la erosión. El bosque nos rodea, aunque son árboles pelados, sin hojas, usando todos sus recursos para sobrevivir al invierno frío que da sus últimos coletazos. Volvemos a ras del río para coger la senda alternativa al puente hundido, justo enfrente de una central eléctrica en desuso. Según va pasando la mañana y los pasos dados aumentan, los colores se hacen más nítidos y menos difuminados por la niebla. En algún momento sale el sol y se enciende la alegría en los caminantes. Queda atrás el gris que nos ha acompañado en los últimos meses.
Llegamos a Cortiguera, y Almudena, que nos guía con su alegría habitual, nos dice que el perro que sale a nuestro encuentro aparece ya en la ruta de wikiloc que vamos siguiendo: “perrín de la zona simpático y juguetón”, aunque después descubriremos que el can tiene problemas estomacales y que su dueño es francés.
El pueblo no tiene electricidad porque una riada del Ebro rompió la presa del Molino de Pesquera de Ebro, dejando al pueblo a la luz de las velas. Aunque está abandonado desde los años setenta, se ve que han restaurado casas y palacios, en su mayoría de los siglos XVI, XVII y XVIII. En los noventa un grupo de jóvenes se instaló allí hasta que decidieron marcharse, pero crearon una chispa que sigue destellando. Los duros inviernos y la compleja comunicación hacían la vida difícil en el lugar. La iglesia de San Miguel, en ruinas, es de estilo gótico tardío. Allí paramos a comer un tentempié antes de continuar la marcha.

En este pueblo se basó Delibes para escribir la obra El disputado voto del señor Cayo. El autor estuvo vinculado a Sedano y conocía la zona. La novela trata sobre tres militantes de un partido político que van a hacer campaña al pueblo en las primeras elecciones democráticas. Allí solo viven dos habitantes que no se hablan entre ellos. Miguel Delibes es el escritor de esa Castilla que está muriendo y que pierde toda su sabiduría con sus habitantes mayores. Esta obra es una crítica al abandono del campo castellano. Utilizo parte de la novela para describir el paisaje con el que nos encontramos al abandonar el pueblo y retomar el camino: “Más allá corría el río, torrencial y cristalino y, en la ribera opuesta, se iniciaba la ladera, muy pina, abrigada de robles con hoja nueva y coronada por abruptos tolmos, en torno a los cuales planeaban pausadamente los buitres”
Más allá llegamos al mirador del Ebro. Desde allí se ve el punto de unión entre el río que nadie es capaz de nombrar correctamente y el Ebro, que hace una curva perfecta en forma de U. Con el sol luciendo las vistas son espectaculares.

Comenzamos la bajada en manga corta, acalorados y con el frío mañanero olvidado. Cuando estamos a punto de llegar de nuevo a Valdelateja, se nos ofrece la opción de subir al cerro de Castrosiero o pasar un rato en el pueblo. Cada uno decide lo que quiere, pero la mayoría sube para ver el pueblo desde arriba y las dos ermitas. Lo primero que encontramos es el nuevo asentamiento, también en ruinas, de Siero, habitado hasta principios del siglo pasado. Es un pueblo fantasma con un cementerio, que no tiene Valdelateja, y los restos de una iglesia de tipo gótico con una escultura en uno de los nervios de su bóveda que nos llama la atención.

Seguimos subiendo hasta los restos de un castro preromano y la otra ermita de las santas Centola y Elena, con unas vistas increíbles. Es de estilo tardovisigodo y fue erigida durante la repoblación que llevó a cabo el abuelo de Fernán González, Fernando “el Negro”. En una de las ventanas típicas de la arquitectura visigoda hay una inscripción: ‘Fredenandus et Gutina, (cruz patada, alfa y omega, DCCCXX)’. Es una de las basílicas cristianas más antiguas de Castilla. Estas mártires fueron torturadas en el castro en el año 304, en tiempos del emperador Diocleciano. Como estamos a punto de empezar a comer en este alto, os ahorraré la explicación del sangrante martirio.

Allí almorzamos mirando al pueblo, bastante agrupados. Las conversaciones son las habituales con alguna excepción, como una alusión al principio de incertidumbre de Heisenberg aplicado a los miembros jubilados de nuestro grupo, que viajan tanto que es imposible discernir simultáneamente dónde están o la velocidad a la que se mueven. El físico alemán alegó que era imposible conocer con precisión tanto la posición como el movimiento de una partícula en un momento dado. Eso mismo se puede decir de la bajada. Sabiendo que nos esperaba Orbaneja del Castillo nuestras partículas subatómicas hicieron un descenso rápido para ver la cascada del Ebro en Valdelateja, una mini caída de agua a la que se accede por una puerta de piedra baja en el medio de una senda.

Visitamos el pueblo, otra vez, de vuelta. La localidad son dos barrios unidos por el puente. Las casas son de tipo montañés, construidas en piedra con dos plantas y un tejado a dos aguas. El piso superior tiene una solana o balcón corrido que se apoya en dos columnas. La parte de arriba se construye en sillar y la de abajo en piedra caliza para aislar de la humedad. La iglesia dedicada a Santa Eulalia pasó de ermita a iglesia con una ampliación con la piedra del pueblo de Siero. La población fue famosa por su balneario, cerrado en la actualidad.

Llegamos en bus a Orbaneja y allí cada uno a su ritmo visitamos el pueblo. Hay mucho que ver y bares en los que aliviar la sed. Lo más reseñable es la cascada de 25 metros que atraviesa el pueblo y que se origina en la Cueva del Agua, una surgencia que sale de una gruta. Sorprende ver que el río es el protagonista absoluto con las casas construidas sobre él. Muchas son molinos. El caudal divide el pueblo en dos barrios: la Villa y la Puebla, y la fuerza de sus aguas fue usada durante cincuenta años por una antigua central hidroeléctrica que suministraba energía a unos veinte pueblos de la zona. Su maquinaria se muestra en el patio de una casa rural. Nos vamos camino Soria tras adivinar África o dos camellos besándose en las figuras caprichosas de una roca y sin ser capaces de recordar el nombre del afluente del Ebro. ¿Cómo se llamaba?
María Jesús Diez
Me encanta leerte porque te me imagino contandome todo en la ruta.
Gracias