Ruta desde Navaleno a” Otero Mayor” y visita a sus museos.

Ruta desde Navaleno a” Otero Mayor” y visita a sus museos.

Con la primavera ya avanzada Soria paso a paso gusta de ir a la tierra de pinares y empezamos esta etapa por” los pinares bajos” que son zona de transición entre las grandes sierras del noroeste del sistema ibérico (Neila, Urbión y Cebollera) y las llanuras centrales del Duero. Navaleno es el pueblo desde el que hoy iniciamos ruta con el extra de que vamos acompañados por cuatro personas que saben mucho sobre esta comarca y sobre su mayor riqueza que es su masa forestal. Vaya por delante nuestro agradecimiento a Jesús y José Antonio Lucas, José Antonio Herrero y Eduardo Moreno.

Navaleno huele a pinar a primera hora de la mañana, un estilizado pino albar está pingado en la plaza desde el día 1 de mayo y antes de empezar la caminata damos una vuelta por el pueblo para ver varias esculturas que están en “la calle alta”:

Vemos un auténtico carro antiguo, que recuerda  que  la carretería fue la principal forma de transporte pinariega; no puede faltar la escultura de un gran “boletus edulis” en madera, como exponente de la  micología que es enseña de estos bosques; la pareja de la guardia civil tiene también su representación ; “los abrazos perdidos” escultura  que recuerda la horrorosa pandemia y cuyo autor es Pedro Delgado y la conmemoración de los 2.150 años de Numancia con un monolito en el que se recuerda la resistencia numantina ”Antes quemada por las llamas que vencida por las armas”.

Desde las inmediaciones de la Iglesia Parroquial de S. Esteban Protomártir bajamos hacia el camino del lavadero y, aunque se encuentra cerrado, podemos ver por la cristalera que se trata de un lavadero bastante moderno y que hoy se puede usar si alguien lo solicita, aunque en el río existió otro más antiguo. En este lugar, en la fuente vieja, se hizo la primera captación del agua para abastecer al pueblo, pero solo llegaba a la parte baja del mismo y un molino que aquí había también hacía competencia a la captación del agua. Hoy se aprecia que hay falta de agua por todo el bosque por la escasez de lluvia, por ejemplo, la fuente de” La Chorlita” está seca. Tras atravesar el polígono del Arrén y al primer contacto con los pinos, José Antonio Lucas, que es ingeniero de montes, nos explica que nos encontramos en un monte de gestión pública, cuidado y mimado por todos los vecinos y por la administración. Nos cuenta también cómo se distribuye el monte en diferentes zonas, unas más extensas que engloban otras más pequeñas para así tener toda la superficie forestal controlada y saber cómo tratar cada parte del pinar: cuarteles, tramos y rodales. Navaleno tiene unas 2,500 hectáreas de pinar con dos cuarteles A y B. Como métodos para favorecer el control y el bienestar  del bosque y procurar que el arbolado vaya creciendo fuerte y vigoroso nos habla de que el pino tiene un ciclo de vida de unos 100 años y de que debe ser cortado con diferentes métodos según las circunstancias:  la corta a matarrasa, por la que aparecen grandes calvas en el monte pero que al tener más luz la regeneración  del pino es mucho más rápida o los clareos y entresacas que son fórmulas para ir dejando más espacio entre los ejemplares y favorecer su crecimiento.

Empezamos un ascenso suave por pista forestal y admiramos los fabulosos ejemplares de pinos, los albares son los primeros que aparecen para ir entremezclándose con los negrales hasta predominar éstos. En nuestro camino se cruza un gran cortafuegos y aquí la pregunta para el experto ingeniero de montes es sobre la más temida amenaza que puede surgir en un monte y cuyo riesgo ha aumentado tanto en los últimos años por el cambio climático, el fuego. Se nos explica que, aunque el fuego podría atravesarlo, un cortafuegos es un espacio desde el que se puede actuar contra las llamas.

El ascenso va siendo más pronunciado hasta llegar a un cruce en el que vamos a dejar el antiguo camino de Vadillo, por el que vamos subiendo, para saltar monte a través a otra pista por la que tras una fuerte y costosa subida de 900 m. llegaremos a la cota más alta de nuestra ruta: el “Otero Mayor” (1.329 m). Antes de llegar a la cumbre nos acercamos al “mirador” o la “atalaya” desde donde nos deleitamos viendo la cara noroeste de la comarca con sus pueblos encastrados entre el mar de pinos, las montañas más altas no se distinguen por haber grandes nubarrones sobre ellas, pero si distinguimos a nuestro querido y emblemático Pico Frentes. Otro pequeño ascenso nos lleva al Otero Mayor en el que destaca una moderna torreta de vigilancia de incendios (obra de Pedro Delgado también) a la que además vamos a poder subir de forma excepcional gracias a José Antonio Lucas que nos sigue dando experta información muy interesante sobre el sistema de prevención de incendios que es modélico en nuestro territorio. En los pinares Sorianos se unen por un lado la herencia de nuestros antepasados con una larga tradición en aprovechamientos forestales que ya procuraban cuidar los montes porque eran su medio de vida principal y los modernos métodos de vigilancia como las 32 torretas con vigilantes que mandan datos de forma rápida y se comunican entre ellas (recuerdo a las atalayas que hemos visitado), modernas cámaras térmicas que detectan las fuentes de calor o incluso drones. Otro aspecto del que se cuida es de que las pistas forestales estén bien conservadas y transitables para tener acceso rápido a donde sea preciso actuar. Aunque hoy todo está informatizado también trabajan los expertos manualmente sobre mapas por si fallan las conexiones. La selvicultura preventiva es otro de los grandes pilares del sistema antiincendios, en ella se tiene en cuenta las necesidades de pasto del ganado por lo que está garantizado el bienestar general.

Se hacen grupos de 7 personas para subir a la torreta, alternando el momento del almuerzo. Volvemos de las alturas todos encantados, en la caseta de la torre hemos descubierto un instrumento extraño para todos nosotros que es la “alidada” que sirve para establecer el ángulo donde se detecta el incendio ya que es una regla que gira alrededor de un eje y va equipada con un sistema de mira.

Un viento fresco se levanta a media mañana, según estamos almorzando, menos mal que hoy tenemos dos botas, la pasopasera y la de Covaleda, una con vino dulzón y otra con vino con una acidez perfecta, aún después de los traguillos de vino sacamos hasta los guantes para encarar la vuelta a Navaleno.

Dejamos a un lado el refugio que lleva el nombre de la cumbre y nos unimos de nuevo a los negrales o resineros, admirándolos mientras descendemos, porque vemos ejemplares realmente asombrosos de gran porte, gruesos y de gran altura, algunos de ellos aún conservan la hendidura de la que antaño se sacó resina, pero hoy no se explota esta actividad. Acaba el descenso en el camino a Vadillo nuevamente, pero desde aquí nos dirigimos al “Raso Manarenas “, por donde atravesaba un cordal de la Cañada Real de merinas. Paramos a hacernos una foto en el mirador de “Cabeza la Fuente”, desde donde Navaleno se ve como un pueblo muy grande con gran número de casas. Eduardo Moreno, que ha escrito un libro sobre el pueblo, comenta que la población de hecho es de unos 650 vecinos, pero en verano se cuadriplica. Como colofón a la ejemplar gestión que se realiza en estos bosques, se obtiene una acreditación europea de zona forestal sostenible con lo que se da un plus a todos los productos que de aquí salen y se comercializan. La última buena idea es la de incluir en la buena gestión a los montes privados.

Ya solo nos queda bajar por el “Barranco Lobo “, hasta llegar a la zona recreativa del pueblo, al lado de una pequeña presa del río Navaleno que afluye al Ucero. Es un espacio bien equipado con camping, piscina, mesas y” la fuente del Botón “que le da el nombre al paraje, aquí es  donde los navalenenses disfrutan en el buen tiempo y celebran sus fiestas.

Abandonamos senderos y mochilas para transitar de nuevo por el pueblo y acercarnos al museo etnográfico de ”La Gamella” en el que se expone una parte de la “Colección Pedro Delgado”, es pues, un museo privado pero como hoy vamos enchufados por nuestros anfitriones lo podemos ver y para recordar lo visto en este lugar, nada mejor que las fotos que ha compartido nuestra experta fotógrafa Maribel: Antiguos libros y enciclopedias de estudio en la entrada dan paso a una puerta antiquísima y reformada para entrar en el mundo antiguo de los aperos de labranza, de caballería y  acarreos, con  trillos, yuntas, correas de cuero y bocados. El pasillo se abre en una amplia habitación donde de forma ordenada se exponen cientos de útiles, herramientas y cacharros antiguos : una prensa, el rincón de la toilette con el viejo lavabo y sus cubos de estaño, los perfumadores de pera, el Varón Dandy y el Heno de Pravia y antiguas boticas; útiles y cacharros caseros usados en el día a día para matanzas y para guisar, fuelles, calentadores, calderas, billetes y fotos antiguas entre las que destaca  la de Buenaventura Aparicio  “el abuelo Carrero”, que fue el último  que se dedicó a este oficio en el pueblo, porque junto a la trashumancia y al cultivo del cereal, la actividad de la carretería fue, en la provincia de Soria, fundamental durante siglos. La comarca de Pinares Burgos-Soria era el núcleo más importante de esta actividad, donde se concentraban mayor número de pueblos dedicados a ella y un elevado número de carretas y animales para la práctica de la carreteria y Navaleno perteneció a la Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros de Burgos–Soria, creada en el siglo XV en el reinado de los Reyes Católicos.

  

En el extremo opuesto del pueblo visitamos otro museo que también es privado llamado “Sala Retógenes” y que está dedicado a la vida militar. En esta ocasión Amalio Salguero amablemente nos da explicaciones de todas las partes que componen el museo: Empezamos por la Guardia Real y ya nos llaman la atención las miniaturas que representan los diferentes ejércitos del mundo y de todos los tiempos; el segundo tema interesante son las banderas de las diferentes épocas y de los diferentes territorios españoles y de ultramar hasta llegar a la actual; otro tema representado es “la mili “con los equipamientos  básicos que llevaban los militares y quizá lo que más nos llama la atención es la importancia del pañuelo que ya desde la época romana cada soldado llevaba para diversos fines y que ha ido evolucionando hasta llegar a ser un instrumento de enseñanza y/o recordatorio de las enseñanzas ya que era muy complicado instruir  a todo un ejército y en él, por ejemplo, llevaban dibujado como hacer vendajes o como identificar a un barco enemigo, la misión más triste del pañuelo era la de cubrir la cara de su dueño si resultaba muerto en el campo de batalla para identificarlo.

Los diferentes uniformes y trajes son otro de los atractivos del museo porque los hay de todas las épocas, desde la época romana hasta los modernos equipamientos, los hay de diferentes rangos y categorías, uniformes de deporte y de gala (que llevan el currículo del militar en insignias), de hombre y de mujer, de protección, buceo, montañismo, emergencias, guardia civil…en definitiva un lugar asombroso que merece la pena visitar y del que no se puede contar todo lo visto.

Para acabar la visita Amalio dispara con un mosquete de los tercios de Flandes prensando bien la pólvora. Del olor a pólvora después del gran disparo, empezamos a oler a carne a la brasa, sobre todo cuando pasamos por “El Hachero”. Por si fueran pocas las atenciones recibidas, nuestro anfitrión principal nos invita al vermut con tortilla y unos riquísimos y crujientes torreznos que fueron finalistas en el último concurso. Charlamos un buen rato en la terraza de La Tablada, pensamos que debe ser ya tarde, pero nos quedamos con la hora del móvil y reloj de Jose Antonio que marca las 14,30h, ya se cambiarán a casi las cinco de la tarde  cuando lleguemos a Soria.

Emi

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Posted by: soriapasoapaso on