Conquezuela – Ambrona

 

15 de diciembre de 2018. Hemos quedado como ya es habitual junto al Centro Municipal Gaya Nuño y hoy nos espera un autobús, puesto que el lugar al que vamos está bastante alejado y la ruta es lineal hemos optado por este medio de transporte.

Nada mejor para sublimar un día frio y gris y un paisaje invernal, casi carente de vegetación que zambullirnos, en nuestro primer destino, en los ritos de un mundo lacustre que ya se perdió y en el segundo, en la más antigua prehistoria entre los restos de una fauna impensable en estas latitudes.

El autobús nos deja en el pequeño pueblo de Conquezuela, nos ponemos en marcha y siguiendo la carretera nos dirigimos a la ermita de Ntra Sra. de la Santa Cruz, situada a dos km. Podemos ir admirando a nuestra izquierda singulares formaciones rocosas.

Estamos en la estribación noreste de la Sierra Ministra y Ángel, nuestro bien informado sherpa, comenta que en esta zona se da la circunstancia geográfica de que los ríos que discurren por aquí van a tres cuencas importantes. Ebro, Duero y Tajo. El río Torete, nace en Conquezuela y sus aguas van al Duero, el Jalón que va a parar al Ebro y el río Henares que nace muy cerca lleva su agua al Tajo.

El elemento agua nunca faltó en esta tierra, junto a la ermita existía una gran laguna de 50.000 m² que en 1959 fue desecada para ampliar las tierras de cultivo, rompiendo un rico ecosistema.

Hace unos años se hablaba de revertir la situación porque el agua volvía una y otra vez a anegar los campos, proyecto que se boqueó en 2009. Mientras el agua seguirá reclamando su humedal.

Adentrémonos en aquel mundo en que todo giraba en torno a la laguna y a la tierra que la rodeaba, quizá también a las constelaciones que se reflejaban en sus aguas.

Llegamos a la pequeña ermita del siglo XVIII y a lo que sería un eremitorio o templo más antiguo, es realmente original, puesto que una bóveda de cañón, característica del románico, une dos lienzos rocosos. Es la entrada al santuario, en su sentido más profundo y telúrico.

Es una grieta abierta en un macizo de arenisca y al fondo un hilo de agua va cayendo sobre una pila natural, la humedad del ambiente crea un verde tapiz que vela aún más los ya poco visibles grabados, algunas figuras en posición de danza, ritual seguramente de un culto dedicado a una divinidad femenina, relacionada con la fertilidad.

Los antiguos habitantes del lugar dejaron un importante testimonio de su espiritualidad mediante cazoletas, símbolos de agua y orantes milenarios.

El arqueólogo Juan Antonio Gómez Barrera ha contabilizado 48 figuras antropomórficas, varios serpentiformes, 1.226 cazoletas, una figura bitriangular… Son vestigios del arte esquemático de la Edad de Bronce que han llevado a que este enclave sea declarado Patrimonio Nacional.

Las figuras serpentiformes suelen hacer alusión al agua y de los grupos antropomorfos, 23 de ellos, por su posición con los brazos elevados hacia el cielo se han denominado orantes. En cuanto a las cazoletas son cavidades de 2 a 5 cm que casi cubren la pared izquierda y parte de la derecha, a veces rodeando figuras humanas y también rodean la figura triangular, representación de lo femenino.

No se conoce el significado de esta manifestación de arte rupestre que tanto se prodiga en la Península Ibérica, hay teorías de lo más variado pero a la que voy a referirme se recoge en una publicación de los Coloquios Históricos de Extremadura Edición XLVII.

Tratando el tema de los centenares de conjuntos de cazoletas extremeños se resalta el trabajo comparativo llevado a cabo por el investigador Alberto Durán que ha conseguido agrupar grupos completos de cazoletas conforme a patrones de constelaciones de estrellas pero con la particularidad de que aparecen invertidas o tal y como se verían reflejadas en las aguas de una pileta, laguna…

No tengo ni idea si se puede extrapolar a Conquezuela, quizá aquí sean demasiado abundantes para seguir un patrón, pero no estaría mal una pequeña investigación y algún panel podría sorprendernos.

Queda por mencionar la existencia de una escalinata que quedaba situada a orillas de la laguna y que se tiene por un altar de sacrificios, desde donde la sangre derramada iría a parar a la laguna, para satisfacer a alguna deidad acuática.

Maria João Correia Santos, de la Universidad de Lisboa, en las notas de su investigación y después de realizar una pormenorizada descripción del altar nos aclara el tema:

…supondría un verdadero efecto escénico al derramamiento de cualesquiera líquidos eventualmente ahí vertidos, convirtiendo esta roca en un simulacro de un auténtico “ser vivo”

Y añade sobre el altar “corresponderá al tipo A.1, en el cual domina el reaprovechamiento de cavidades de origen natural, conectadas por canales artificiales y asociadas a escalones, que podemos estimar comprendida entre la II Edad del Hierro y la Época Romana”

Me he extendido mucho en la descripción de lo que me parece uno de los lugares más interesantes y desconocidos de Soria, pero realmente se puede ver en pocos minutos, disfrutarlo requiere algunos más.

Proseguimos con nuestro itinerario por la carretera hasta Miño de Medinaceli (no fuimos a ver sus pinturas esquemáticas así que os libráis de otra descripción). Vamos derechos a la iglesia y resguardados en el atrio de las gotas que comienzan a caer tomamos nuestro almuerzo y un buen café.

Cuando reiniciamos la marcha la lluvia ya ha cesado, desandamos el camino hasta un cruce que nos llevará a nuestro segundo destino, pero primero iremos a ver una laguna natural. Se ha originado un bonito paisaje, aunque distinto al esperado, puesto que apenas se ve el agua ya que está llena de vegetación, el centro es el lugar más despejado, pero tanto la laguna como el entorno merecen una visita.

En cierto momento hay que cruzar un riachuelo, se buscan algunas piedras grandes y aunque el agua sigue cubriéndolas al menos permiten pasar.

El camino hacia Ambrona es un hermoso valle con los terrenos de un intenso rojo que nos han ido acompañando y los incipientes verdes de los sembrados, llano y aparentemente fácil, pero se complica con la humedad y su tierra arcillosa que va pesando cada vez más, se va acumulando y extendiendo entorno a las botas, dando la sensación de que se camina con unas pesadas raquetas. Nos lo quitamos cuanto tenemos ocasión pero al momento volvemos a tener unos enormes pies de barro.

Parte del camino sigue las vías del tren que aprovechamos para deshacernos de la resbaladiza arcilla roja y evitarla durante un corto tramo. Cierto que no se debe caminar por los raíles, pero sabemos que a esa hora, por ahí no pasa un tren ni de casualidad. Conocer el horario de los trenes de ida y vuelta a Madrid es la única ventaja de que nuestra red viaria esté tan escasamente transitada.

¡Ahh, por cierto! La construcción de la vía ferroviaria en 1888 fue la causa del descubrimiento en Torralba del Moral del importante yacimiento de restos de elefantes del tipo Elephas antiquus que en 1995 fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Zona Arqueológica.

En el pueblo de Ambrona hay un bonito merendero con patos y una gran fuente donde nos limpiamos las botas lo mejor posible.

Seguimos camino y según vamos llegando al yacimiento se ve con más detalle la réplica de uno de estos animales de tamaño natural, resulta esplendida su figura en medio de un paisaje tan diáfano, cuando llegamos las fotos con él son inevitables.

Dejamos las mochilas y bastones en el autobús antes de visitar el museo, allí vemos vitrinas con enormes piezas óseas, astas de ciervo… y con herramientas del periodo achelense, industria lítica que en ocasiones sustituían por hueso y marfil.

Después entramos en un espacio en el que se puede ver el sustrato arqueológico original con los huesos de los animales dispuestos según aparecieron y para tener una idea más clara, en una pared hay una representación de los grandes mamíferos tal y como debieron caer a orillas de alguna laguna vacía por las sequías.

Es el primer museo de estas características que se hizo en el mundo. Fue en 1963 cuando se preservaron 80 metros cuadrados con una espectacular concentración huesos de la fauna del pleistoceno, especialmente de elefante, con el objetivo de ser expuestos in situ y aún hoy constituye el único yacimiento paleolítico al aire libre con restos expuestos sobre el terreno en España, y uno de los pocos existentes en Europa.

Los yacimientos de Torralba y Ambrona permiten plantear, por primera vez, hipótesis respecto a la coexistencia de grupos humanos con distinta tecnología, e incluso de la coexistencia de distintas especies humanas. Se convirtieron también en referencias fundamentales en el debate relativo a si los grupos humanos de esta época cazaban o carroñeaban.

Es uno de los yacimientos con Paleolítico Medio más antiguos de Europa, su primer investigador, el marqués de de Cerralbo y su equipo iniciaron en 1909 unas excavaciones que también fueron pioneras y han seguido siéndolo en muchos aspectos como hemos visto en la información que he tomado en comunicacion.jcyl.es

En las excavaciones se han registrado restos de carnívoros como león de las cavernas, hiena, lobo y sobre todo de herbívoros como rinoceronte, ciervo, corzo, gamo y especialmente uros y elefantes en niveles inferiores (400.000 años) y caballos (350.000 años).

Sin restos óseos en los yacimientos, se identifica la presencia humana (probablemente Homo Heidelbergensis) por la industria lítica y las marcas de actividad en huesos de elefante.

Nos ha encantado el yacimiento y después de hacernos la última foto de grupo junto al gran elefante de Ambrona, partimos hacia Soria. Una hora de camino para asimilar la vida de aquellos ancestros, apenas humanos, que coexistieron con los grandes mamíferos, los rituales de tribus prehistóricas… los miles de años que hemos vislumbrado durante unas horas.

Ana María Abajo

15 de diciembre de 2018

 

 

4 Comments so far:

  1. Superinteresante ruta y muy bien explicada y documentada. Gracias Ana. Las descripciones son muy muy interesantes cuando no hemos hecho la ruta.Un beso.

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Posted by: soriapasoapaso on