Por las necrópolis de Palacios de la Sierra. 10 de septiembre de 2026.

El noroeste de Soria y el sureste de Burgos se unen en la comarca de Pinares, un territorio común a ambas provincias delimitado por las sierras de Urbión, la Demanda y Neila, rico en extensos pinares entre los que se encuentran un gran número de necrópolis de la época altomedieval.

Estas tumbas excavadas en roca las hemos visto, por ejemplo, a las puertas de la iglesia de Duruelo de la Sierra o escondidas entre los pinares de Covaleda; el grupo visitó la necrópolis de Quintanar de la Sierra (octubre de 2019) que es una de las más famosas junto con la de Revenga y el Eremitorio de Cueva Andrés

Los pobladores de estos montes se remontan a la prehistoria que también dejó su huella como demuestran las icnitas de dinosaurios de Regumiel. También hay restos de pobladores de la zona de la edad del hierro y de la edad de bronce (https://palaciosdelasierra.es/pueblos/palacios-de-la-sierra)

Entre los siglos IX al XII se asentó un número importante de población en estos bosques fronterizos y se distribuyeron en pequeños poblados dispersos. Estas personas eran principalmente, campesinos y ganaderos y sus poblados se organizaban en torno a un eremitorio o centro religioso, alrededor del cual se situaba el cementerio, siendo estas tumbas hoy el último vestigio de aquella época.

La misión que hoy tenemos es la de realizar la ruta recorriendo las necrópolis que se encuentran cerca de Palacios de la Sierra para lo que nos reunimos a las 9h en la plaza del pueblo en una mañana soleada y ya algo fresquita afortunadamente.

Empezamos a calentar con una trepadita hasta el primer lugar con tumbas que es la “Necrópolis El Castillo” que es una de las mayores necrópolis de España con 566 enterramientos e incluye restos de una fortificación, una ermita y una iglesia siendo también famosa por el gran número de estelas funerarias encontradas junto con 59 esqueletos. Recorremos la zona del top de la montaña (el yacimiento se extiende sobre toda la ladera del cerro) distinguiendo los restos de la planta rectangular de la iglesia románica y posteriormente gótica de Santa Eulalia que posteriormente se trasladó al pueblo. A su alrededor descubrimos varias tumbas bastante envueltas por la naturaleza.

De vuelta al pueblo, vemos en la ladera del cerro unas simpáticas esculturas de madera que representan la fauna local. Cruzamos el Arlanza por el puente nuevo y, después, la carretera.

Abandonamos Palacios escuchando el ruido y sintiendo el olor de la motosierra que está trabajando en alguna de las naves que se ven a lo lejos con sus patios llenos de madera recién cortada. Cogemos “El camino forestal de la Relumbrosa” flanqueado por robles principalmente que nos lleva a una zona recreativa con piscina desde donde Wickilock le dice a Antonio que debemos abandonar la cómoda pista en busca de un sendero más escondido hacia la izquierda por el que ya caminamos rodeados de buenos pinos, siempre acompañados por robles.

Llegamos a “La charca” que es una pequeña acumulación de agua que se creó en 1.970 para abastecer a «La Piscina», hoy en desuso. Está dentro de un precioso bosque de pinos y robles, donde se dice que los atardeceres son mágicos.

Seguimos nuestro camino sin seguir sendero alguno en busca de la necrópolis de Bañuelos, a la que llegamos tras atravesar el río que lleva el mismo nombre.

Este conjunto arqueológico se encuentra en un claro del bosque y en ella se identifican con dificultad restos de un centro de culto emplazado sobre una pequeña plataforma rocosa. Las tumbas antropomorfas son más visibles, se disponen de norte a sur, son de forma rectangular y alguna tiene capacidad para dos personas, a modo de panteón.

Otra peculiaridad de este yacimiento es la pileta horadada en la roca al sur de la necrópolis, calificada como «baptisterio altomedieval», una gran bañera, con desagüe incluido, que tampoco es fácil de identificar.

Entre las piedras silenciosas y llenas de historia encontramos el rincón perfecto para descansar y reponer fuerzas antes de lanzarnos de nuevo al bosque desandando el camino saliendo a pista nuevamente hasta un punto donde el grupo se divide en dos: unos deciden volver ya al pueblo y otros tomamos otro camino que nos llevará a la Necrópolis de La Nava.

Apretamos el paso para completar el recorrido cuanto antes y no hacer esperar demasiado a nuestros compañeros. Pronto llegamos a una gran tenada que, por su aspecto exterior, parece seguir en uso y que está custodiada por una solitaria vaca pinta.

Tras atravesar otro bosque, llegamos a una portera que nos introduce en el Prado de la Nava que es donde se encuentra resguardada entre robles la necrópolis con el mismo nombre. Según el cartel explicativo estas tumbas pertenecen al S XIV, las hay de diferentes tamaños, todas parecen individuales y las hay muy pequeñas, de bebes. Las observamos recorriendo el recinto, la mayoría están cubiertas de musgo

El cartel también anuncia que “un poco más lejos” se encuentra la piedra redonda: una bañera tallada en una gran roca que, pese a su tamaño, se mueve con solo empujar uno de sus lados.

Ilusionados ante la posibilidad de encontrar otra piedra andadera, damos vueltas por el prado mientras Maribel la busca en Maps cuyas indicaciones, algo imprecisas, vamos siguiendo y que finalmente nos llevan al camino de vuelta de la ruta. Nos quedamos con las ganas de encontrar esta piedra a pesar de que Chano se va subiendo en cada piedra grande que aparece en el camino a ver si tiene forma de bañera y si se mueve.

Gema se enfada un poco porque nos entretenemos demasiado, así que apretamos el paso al máximo para llegar cuanto antes ya que el camino es cómodo y nos lo permite. Entramos en Palacios por el puente medieval sobre el Arlanza y nos fijamos en su peculiar lavadero frente al centro de interpretación de las Necrópolis del alto Arlanza.

Es el puente del Pilar y los bares de la plaza de Palacios de la Sierra tienen un ambiente estupendo. Aunque todavía no hay setas ni boletus, los pueblos pinariegos están llenos de gente que los visitan para descansar y disfrutar de la naturaleza. Nos sumamos al animado terraceo donde damos fin la ruta de la que nos llevamos kilómetros en las piernas y cultura en la mochila

Emi.

 

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